martes, 13 de enero de 2009

Capitulo XI 2ª Parte.

REMACHANDO LA DERROTA
DEL MUNDO OCCIDENTAL


Roosevelt y su camarilla judía fueron los principales forjadores de la derrota de Occidente. Después de ellos, muchos fieles herederos siguieron sus pasos y con­sumaron el desarme, moral y material de las potencias occidentales para dar tiempo a que el marxismo rehiciera sus ejércitos.

El escritor Mr. Baldwin dice que Truman heredó como consejeros en problemas de política exterior a un "puñado de hombres astutos", quienes ya habían sido probados por Roosevelt como partidarios en­tusiastas del bolchevismo. Entre ellos figuraban Hopkins y el israe­lita Baruch; este último al frente de la Comisión de Energía Atómica de la ONU. La Comisión de Enseñanza Superior de Estados Unidos fue encomendada en aquella época nada menos que al rabino Ste-phen Wise.

George H. Earle, ex gobernador de Pennsylvania, declaró ante la Comisión Investigadora del Congreso Norteamericano que dos se­manas antes de que muriera Roosevelt se entrevistó con él para de­cirle que iba a hablar al pueblo norteamericano acerca del peligro soviético. "El Presidente —dice Earle— me prohibió que hablara. No solamente esto, sino que en un esfuerzo para que no habla­ra, me mandó a la isla de Samoa en el Pacífico". Agregó Mr. Earle que no se explicaba por qué Roosevelt seguía afirmando que los comunistas eran unos santos y que los alemanes representaban todos los males del orbe.

A raíz de la rendición de Alemania el ejército norteamericano quedo como la fuerza militar más grande del mundo. La bomba atómica y diversas armas secretas que los técnicos nazis le entregaron recién terminadas o a punto de terminar, le centuplicaron su poderío. Roosvelt había muerto, pero muchos de sus herederos continuaban en poder y realizaron desde luego un inconcebible movimiento para a debilitar a Estados Unidos y permitir así que el ejército soviético rehiciera sus fuerzas, modernizara su equipo y pudiera afianzar el puesto de hegemonía europea, y amenaza mundial, que el judaísmo le había brindado a través de Roosevelt.

Al concluir la guerra, el bolchevismo había sufrido más de 20 millones de bajas y sus fuerzas armadas eran las más débiles entre todos los beligerantes. Para favorecerlo se inició entonces la segunda parte de la traición a Occiderfte: "Nuestra excelente maquinaria de guerra- afirma el teniente coronel Paul L Bogen, instructor del ejército norteamericano—, se convirtió en un esqueleto. Extensos campos de equipo abandonado fueron cubiertos por malezas que escondían cascos mohosos.

El equipo no fue lo único que descui­damos. A pesar de las advertencias de las fuerzas armadas y sus defensores, las redujimos hasta más allá de lo prudente". Así quedaron en Europa sólo 7 divisiones y una reserva eventual de ocho más. Artificialmente se dejó al ejército rojo como amo de la situación -William C. Bullit da el siguiente testimonio:

“Se hizo creer al pueblo norteamericano que las Naciones Unidas; eran la respuesta a sus preces en demanda de paz, y despues de la victoria sobre el Japón su existencia fue aprovechada para justificar la rápida desmovilización de nuestro Ejército, Marina y Fuerza Aérea, y la destrucción de los armamentos sobrantes. Si ya no habría más guerra, ¿para qué queríamos los armamentos? Una vez más el pueblo de los Estados Unidos fue engañado y nuestro gobierno destruyó las armas, municiones, aviones, y otros pertrechos que nuestros amigos de Europa y Asia necesit­an ahora desesperadamente". ("Cómo los Estados Unidos Ganaron la Guerra y por qué Están a punto de Perder la Paz").

Esa destrucción de armamentos incluyó también el enorme botín Techos capturados en Alemania, gran parte del cual se arrojó El mismo Bullit afirma que en 1945 se podía haber obligado a la URSS a que respetara a los pueblos europeos, pero en vez de eso (que había sido el aparente ideal que justificaba la guerra) los ejércitos aliados fueron desmovilizados. Bullit había sido Embajador en Moscú y afirma que Roosevelt estuvo perfectamente informado de las ambiciones mundiales del bolchevismo, y sin embargo, lo salvó de la derrota y no adoptó la más elemental precaución para frenarlo. Por el contrario, lo alentó.

El crítico militar americano Hanson Baldwin revela que en el parlamento de Guerra se maniobró a fin de que los soviéticos pene­traran 60 kilómetros al occidente de Berlín, cosa que les aseguró el dominio sobre la Europa Central. El general George C. Marshaii, aquien el judiófilo Hopkins recomendó para ocupar la Secretaría de la Defensa, aparece como culpable de esa traición. El mariscal Montgomery, comandante de las tropas británicas de invasión, dice en sus "Memorias" que Eisenhower no mostró interés por capturar Berlín, co­sa que pudo haberse logrado antes que-llegaran, los soviéticos. Asi­mismo ordenó que las tropas americanas no entraran en Checoslova­quia, con lo cual cedió ese país al imperio bolchevique.

A principios de 1945 Roosevelt impidió que el ejército americano del general Patton avanzara al oriente del río Elba y así brindó al ejército rojo la oportunidad de que capturara media Alemania y los centros científicos de Peenemunde, Berlín y Stettin, incluyendo se­cretos sobre aviones de chorro, proyectiles teledirigidos, satélites ar­tificiales, bombas atómicas y la mayor parte de los 2,500 científicos alemanes de Peenemunde, donde nacieron la V-l y la V-2 así como el proyectil trasatlántico (Lirio de Fuego) que fue el antecedente de los actuales cohetes siderales. Esto hizo posible que Moscú anunciara en agosto: de 1957 que ya tenía el primer cohete de largo alcance.

Los bolcheviques también encontraron. en Peenemunde los planos de "Saenger" alemanes para el lanzamiento de un satélite artificial y de una gran plataforma del espacio capaz de girar alrededor de la tierra, que eventualmente sirviera de estación en vuelos interplanetarios. En posesión de esos planos y de numerosos científicos alemanes, los so­viéticos pudieron lanzar (octubre 4 de 1957) el primer satélite artifi­cial de la tierra. Esto fue una derrota científica del mundo occidental, imposible sin la traición de Roosevelt, pues en 1942 la URSS se hallaba 3Óaños atrás en las investigaciones sobre proyectiles dirigidos y sobre desintegración atómica.

Los científicos alemanes Werhner von Braun, Willy Ley, Stuhlinger y otros más han venido auxiliando después de la guerra a los ameri­canos en los cohetes teledirigidos y en los satélites. Von Braun afirmó que todo esto lo habrían tenido perfeccionado los Estados Unidos desde 1954, si altos funcionarios de la Casa Blanca hubieran apoyado los proyectos respectivos. Sólo el Secretario Forrestal se había em­peñado en impulsar estas investigaciones, pero murió en 1949 y casi quedaron abandonadas, hasta que al hacerse del dominio público los avances logrados en la URSS, los militares americanos obtuvieron am­pliación de partidas presupuéstales y se logró un rápido progreso, in­cluso superando a los soviéticos.

Cuando varios senadores apremiaron al Gobierno para que detuviera el avance del bolchevismo en Europa y Asía, el senador Joseph Mac-Carthy precisó que "la misma administración es la que está nulifi­cando esos esfuerzos, bien sea por incompetencia o por traición".

(Marzo 14, 1950). Un año después el propio senador denunció que Marshall y el Secretario de Estado Acheson formaban parte "de la conspiración del Gobierno para debilitar a los Estados Unidos y ha­cer que caigan víctimas de las intrigas comunistas del interior y del poderío militar ruso del exterior... Aquellos que realmen­te mandan pertenecen a una conspiración mayor, la amplia tela­raña mundial que ha sido tejida desde Moscú". (Junio 14 de 1951).

Tal denuncia coincidía con un hecho que el Secretario de la De­fensa norteamericana, JamesForrestal, dejó escrito así en su Diario: "La flota ha sido reducida a consecuencia de nuestra rápida desmo­vilización hasta un punto peligrosamente bajo de eficacia. El ejército tiene disponibles, para ser usados en Europa, 430 aero­planos de combate", de los cuales posiblemente175 podrían tenerrealmente pilotos de primera línea". Forrestal pidió que no con­tinuara esa peligrosa política, pero Truman ordenó reajustes todavía mas drásticos. Días más tarde el propio Forrestal se sorprendió de que los partidarios de Truman iniciaran su campaña política "con matizmarcadamente de izquierda", al mismo tiempo que la amenaza bolchevique crecía en Europa.

Otro testimonio de que hubo una mano oculta que violentó el desar­me norteamericano y favoreció la expansión marxiste en Europa yAsia, lo aportó el periodista Stewart Alsop. Este denunció el 15 defebrero de 1951 que mientras el secretario de la Defensa Louis A.Johnson engañaba al pueblo habiéndole de un abrumador poderíoarmado norteamericano, se dedicaba a debilitar la marina (restándo­le 57 barcos de primera línea) y la aviación, privándola de mil avio­nes y del 75% de sus reemplazos. "Existe ahora —dijo el senador Joseph McCarthy en la Tribuna— una confabulación de infa­mias tan negras que cuando quede finalmente al descubierto, sus autores merecerán para siempre las maldiciones de todos los hombres honrados".

Estas y otras valerosas aunque inverosímiles denuncias movieron a-numerosos representantes populares a integrar comisiones investiga­doras. A fines de 1950 una de ellas había logrado precisar que en el Departamento de Estado y en la Comisión de Energía Atómica se hallaban inexplicablemente enquistados -'-desde la época de Roosevelt— 151 invertidos sexuales y más de 100 agentes comunistas. El movimiento político judío se vale frecuentemente de los invertidos-(a los cuales papacha y protege) porque fríamente se prestan a la traición.

Difícilmente el homosexual puede hallar algo que merezca condenación. Sus mecanismos psicológicos lo justifican todo, o casi todo. ¿Qué significa para él traicionar a la Patria, si él mismo es una traición a la Naturaleza? Su propia desventura personal, íntima, lo hace casi insensible a los remordimientos de conciencia. Además, su resentimiento hacia la sociedad, que lo condena y señala, inclina al homosexual a los actos antisociales. Y mientras mes vergonzoso sea el historial de un invertido, más fácilmente podrá conservársele como oculto colaborador político, mediante el recurso del chantaje. Por eso el movimiento procomunista los ayuda para situarlos en puestos im­portantes. En 1960 dos de esos traidores, William H. Martin y Bernon F. Mitchell, infiltrados nada menos que en la Oficina .Nacional de Seguridad de Estados Unidos, huyeron a la URSS, vía México-Cuba. Llevaban consigo documentos secretos sobre los métodos ameri­canos de descifrar las claves soviéticas. (1).

(1) El español Mauricio Carlavilla trata ampliamente este tema, de los homosexuales al servicio del marxismo, en su libro "Sodomitas"." Por ejemplo, el alemán Otto John, invertido, suministró a Inglaterra los planos de los laboratorios de Peenemunde, donde estaba siendo terminado el pro­yectil V-2. Esto ocasionó un bombardeo que mató a muchos peritos ale­manes y demoró la terminación de esa arma. Posteriormente John fue nom­brado Jefe del Contraespionaje de Alemania Occidental (debido al apoyo que le dieron altos personajes británicos), y desde ese puesto dio a los soviéticos los nombres de más de 200 alemanes anticomunistas que tra­bajaban contra el bolchevismo en la Alemania cautiva.

En 1950 se formó en Estados Unidos la "Mattachine Society" para "proteger a los homosexuales de la discriminación". Tal organismo considera que tratar de excluirlos de puestos oficiales o militares es "discriminación". Se calcula que hay doscientos mil de ellos en la maquinaria burocrática federal y 250,000 infiltrados en las fuerzas ar­madas, "gracias .a la merced que les dispensan los homosexuales que dominan los departamentos de personal. Como el de la izquierda el de los homosexuales es un imperio que se extiende por todo el mundo, tuyos miembros son de una lealtad furiosa entre sí". ("Carta de Asuntos Extranjeros" de Hilaire du Berrier. Vol. VIl, Nov.de 1964, París).

Alian Valentino, ex Jefe de la Oficina para Estabilización Econó­mica, dijo en Cleveland, Ohio, que existía en su país "un segundo Gobierno encabezado nominalmente por el Presidente, cuyas activi­dades a duras penas podemos comprender". (Marzo 14 de 1950). El investigador norteamericano Emanuel M. Josephson afirma que ese "segundo Gobierno" es el "Gobierno Invisible de los Estados Unidos • y del Mundo" y que su Secretaría de Relaciones es el llamado Consejo .de Relaciones Exterioces que manejan los magnates Rockefeller, judío-protestantes.

El general Douglas McArthur descorrió buena parte de las tene­brosas cortinas de la conspiración y eso le costó su puesto y su carre­ra militar y política. El 14 de noviembre de 1951 denunció en Seattle: "El Gobierno del Presidente Harry S. Truman sigue una política que de continuar puede conducir a los Estados Unidos a la ruina". Cuatro meses después denunció en Jackson, Miss., que el Gobierno conducía el país a un "estado comunista, con la misma espantosa seguridad que si los mismos jefes del Kremlin prepararan nuestro camino". Más tarde, el 7 de julio de 1952, exhortó a los republicanos a una cruzada para impedir que el país se convirtiera en un Estado comu­nista y censuró los diversos actos pro-soviéticos a los que Eisenhower —dijo— estuvo asociado durante la guerra y después de ella.

Molesto contra quienes le seguían- la pista de sus maquinaciones, Truman rechazó el 3 de abril de 1952 la demanda de un Comité Se­natorial para examinar los archivos del Departamento de Estado. El Presidente dio instrucciones al Secretario Acheson "para que no se "den los informes solicitados", pues si se abren esos archivos "la re­putación de centenares de empleados leales al gobierno se vería afec­tada". No explicó, sin embargo, por qué había de afectarse una buena reputación con el simple hecho de ser conocida por los representantes del pueblo. Era bastante extraño que las buenas reputaciones necesi­taran del manto del secreto.

Otro testimonio más de la política pro-soviética practicada por los herederos de Roosevelt fue aportado por el mayor general Charles . A. Willoughby (9 de agosto de 1951) ante la subcomisión de Segu­ridad Interna del Senado. Reveló que en 1949 era ¡efe del Servicio de Inteligencia Militar de McArthur y descubrió a una extensa banda de agentes comunistas encabezada por Richard Sorge, Guenther Stein y Agnes Smedley, o sea la misma banda que en 1941 trabajó a las órdenes de Rockefeller para instigar al Japón a que atacara a Pearl Harbor y no a la URSS. El general Willoughby comunicó el descubri­miento a Washington y rápidamente el Secretario de Guerra Kenneth C. Royal le ordenó que no se continuaran las investigaciones.

Al Almirante Ellis M. Zacharías, ex Jefe del Servicio de Inteligen­cia de la Armada Norteamericana, le ocurrió^algo muy semejante. Según revela en su libro "A Puertas Cerradas", los oficiales del ser­vicio secreto norteamericano, que operaban en Europa, fueron trai­cionados por sus superiores de Washington. Esos agentes descubrie­ron muy oportunamente las maniobras bolcheviques para lograr el control total de Hungría, Rumania, Bulgaria y Checoslovaquia. El Al­mirante Zacharías transcribe la amarga revelación de uno de sus ofi­ciales: "Pero ¿qué ocurrió? Los rusos se quejaron a Washington, y a nosotros se nos propinó de golpes en la cabeza. Retirados, espar­cidos, amonestados, desmovilizados... Algunos de nosotros des­obedecimos. Continuamos trabajando solos, sin apoyo oficial. Pero los rusos se sintieron alentados por la rápida reacción de Washington a sus quejas, de modo que lanzaron nuevas quejas..."

El Almirante Zacharías agregó que los propagadores del marxismo trabajaban en favor de otra crisis económica en Estados Unidos, como la de 1929. Los primeros síntomas se advirtieron en 1954. Para fines de 1961 las reservas de oro habían descendido a 17,000 millones de dólares, o sea que había habido una fuga de siete mil millones en doce años. .

La llamada "ayuda al extranjero" (que mañosamente se ha encau­zado para ayudar al pro-comunismo) ha costado a EE. UU. 106,000 mi­llones de dólares en 17 años, hasta 1962, o sea el equivalente a un bi­llón y 325,000 millones de pesos mexicanos. Esto debilita la economía del pueblo americano y lo encamina hacia una catástrofe que despres­tigiaría desastrosamente al sistema capitalista.

Además, en la "revolución mundial" del movimiento judío laboran empeñosamente: a) La Internacional Dorada, o sea la alta finanza in­ternacional encauzada en Estados Unidos por magnates israelitas tales como James P. Warburg, Morgan, Vanderbilt y otros; y en Europa por los continuadores de la Casa Rotschild, b) La internacional Negra, o sea la Organización Universal de los Sionistas y la Alianza Israelita Universal, c) La Internacional Azul, o sea la masonería mundial, que es un brazo de fanáticos no judíos movidos desde la sombra por los judíos; d) La Orden "B'nai-B'rith", formada con judíos masones, que coordina las actividades de una multitud de agrupaciones.

Las metas inmediatas del movimiento judío al terminar la guerra consistían en ayudar a la URSS a afianzar sus conquistas y a garan­tizarle un período de recuperación. Ambos objetivos los logró amplia­mente mediante la súbita desmovilización de las fuerzas armadas de Occidente; y esto sólo fue posible con la secreta connivencia de en­cumbrados quintacolumnistas. El senador por Nevada, Mr. Pat Mac-Graan, denunció que hasta la UNESCO, dependencia de la ONU, estaba difundiendo principios marxistas "por medio de documentos extremadamente sutiles". Su labor debe ser bastante satisfactoria para la causa marxista porque el Congreso Judío Mundial —reunido en Ginebra durante el mes de agosto de 1953— le dio un voto de sa­tisfacción y confianza. Jamás la ONU ha intervenido para defender o liberar a alguno de los muchos países agredidos y sojuzgados por el comunismo. En cambio, ha condenado, hostilizado o boicoteado y hasta agredido a regímenes anticomunistas, como los del Congo, Sudáfrica, Portugal y Rodesia.

Cuando el eminente masón Dag Hammarslcjold estaba al frente de la ONU, colaboraban con él en diversas dependencias 71 judíos. II de ellos en la UNESCO, desde la cual "prohijan toda suerte de ma­motretos culturales lanzados como obras geniales". Entre esos judíos se han distinguido Blocp, Goldet, Rosenberg, Cohén, Levy, Zablu-dowsky, Rabinovitch, Abramovitz, Bergman, Singer, Mayer, Schweit-zer, Jacobson, Kogan, Weisel, Sommerfeld, Weitz, Abramsky, Gold­man, Bernstein, Deutschman, Goodman y otros muchos, naturalmente protectores del marxismo israelita. Hammarslcjold murió en un accidente aéreo durante la bárbara ofensiva que lanzó contra el Estado cris­tiano de Katanga porque éste se negaba a fusionarse con el régimen procomunista de Adula y Gizenga. En lugar de Hammarskjold quedó el también maestro masón U’Thant y la ONU sigue siendo un instru­mento judaico de comunización mundial.

Por eso la Legión Americana había pedido en Miami (el 12 de oc­tubre de 1955) que Estados Unidos se retirara de la UNESCO, a la que acusó de estar planeando "un nebuloso Gobierno Mundial''. Es éste el mes caro sueño del judaismo político, tanto así que el hebreo Einstein impulsó la difusión del esperanto, con la idea de que en el futuro este idioma, creado por el judío Zamenhof, vaya eliminando los idiomas nacionales.
El general sueco Karl von Horn, comandante de las fuerzas de la ONU en el Congo, en Yemen y en Palestina, renunció a su cargo y escribió un libro llamado "Soldados de la Paz", en que revela la corrupción qué vio y palpó dentro de la ONU. Dice que durante la Crisis en el Congo, bellas muchachas judías fueron utilizadas para entretener y atraer a ciertos funcionarios de la ONU. También hace un relato del espionaje que se tolera ahí en favor del comunismo.

Sin embargo, hay presión internacional para que a los escolares de todo el Occidente se les inculque admiración y culto por la ONU, pues ésta se halla destinada a ser un instrumento de dominación mundial.
"Para la Gran Bretaña y los Estados Unidos —dijo Hitler el 30 de enero de 1944— ya no es la cuestión de si después de la guerra querrán luchar contra el bolchevismo. La cuestión es si después de la guerra podrán resistir al bolchevismo en sus pro­pios países". . .

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