viernes, 1 de mayo de 2009

Capítulo IX 1ª Parte

CAPITULO IX

Las más Altas Cumbres del Esfuerzo Humano
(1944)

La Cualidad más Preciosa del Hombre.
Forjando las Armas de Venganza.
Abren lasPuertaslasdelMundoalBolchevismo. I

InvasióAliadadeEuropaOccidental. Los Recursos de Hitler Contra la Invasión.
Transformación de la Flota Submarina.
Supremo esfuerzo de Soviéticos yAlemanes.
Más fuerte que Nunca, la Luftwaffe Agoniza.
LosdosÚltimosGolpesenelOeste.
El BolchevismoIrrumpeen Alemania.
Un Ejército no Vencido por Ningún Otro.

LA CUALIDAD MAS PRECIOSA DEL HOMBRE

Varios filósofos —Schopenhauer en particular— afirman que la volun­tad es la espina dorsal, del espíritu, la "cosa en sí" de cada ser. El mariscal Hindenburg decía que todo es posible con voluntad y que "esta cualidad es la más preciosa que puede poseer el hombre". Comentando esa afirmación Gustavo Le Bon agregó que "las fuerzas materiales nos asombran por su grandor y no son, sin embargo, más que manifestaciones exteriores de las fuerzas morales que dirigen nuestro destino". Al entrar en el quinto año de guerra contra la coalición bélica más grande de la historia, el pueblo alemán luchaba en 1944 con extraor­dinaria voluntad. Tal era el secreto de su fuerza que durante seis años hizo frente a recursos materiales de abrumadora mayoría. Hitler exhortaba a los suyos a proseguir la guerra con la misma firmeza del primer día: "De esta lucha —decía el 30 de enero— no puede salir más que un vencedor, y éste habrá de ser, bien Alemania o bien la Rusia Soviética...

Este proceso gigantesco que agita al mundo se realiza con sufrimiento y con dolor cumpliéndose así las leyes de la Providencia que establecen que no solamente todo lo gran­de se crea mediante la lucha, sino que fijan que hasta individual­mente el ser humano venga a este mundo por medio del dolor. Pero por mucho que la tormenta se desencadene y aúlle alrededor de nuestra fortaleza, se apaciguará algún día, como todas las tem­pestades, y de entre las nubes brillará nuevamente el sol para aquellos que con firme e inquebrantable fe cumplieron con su deber... Así pues, cuanto mayores sean hoy nuestras penas, tanto más magnánimamente pesará, juzgará y considerará el Todopo­deroso las hazañas de aquellos que ante un mundo de enemigos, empuñaron la bandera con manos leales y la llevaron hacia adelante sin desesperar".

El periodista Ismael Herráiz presenció la forma en que la voluntad leí pueblo alemán sostenía el peso de la guerra, y hace el siguiente elato en "Europa a Oscuras": "En Alemania ningún ciudadano dis­ponía de más alimentos que otro. En 1943 se despoblaron los talleres de alta costura, las oficinas, las antiguas industrias y la suntuosa Viena, y todo pasó a engrosar el servicio del trabajo. Las primeras fases de la movilización, en septiembre de 1939, afectaron a un porcentaje muy reducido de la población. El avi­tuallamiento tuvo siempre una solidez y una energía ejemplares. Organización y erzatz a todo pasto. Caseína en polvo en vez de carne. Los dos más notables triunfos de la química nacional-socia­lista eran la gasolina y el caucho sintéticos. Para producir un tan­que de gasolina se empleaban cinco o siete de hulla y un catalizador. El ingenio alemán agudizó su inventiva prodigiosa: carro­cerías y hasta cojinetes, con una resistencia superior a la del acero, surgieron de la hulla. Cada año los inviernos fueron con menos esperanza y con menos carbón.

"El alemán, cuyo excelso sacrificio es una inmarcesible estrofa de la historia, renunció a las exigencias más elementales de su hogar para que la industria guerrera se nutriera sin pausas. Pe­queñas delincuencias que en tiempos de paz no pasaban de ser raterías, se castigaban con la ejecución. Hasta un propietario de una fábrica de armamentos fue fusilado por comprar a uno de sus obreros los bonos de carne; dos carteros por abrir unos paquetes con víveres, etc."

Los cupones para adquirir artículos textiles ya no fueron válidos para toda la población; únicamente para los que habían perdido sus bienes durante los bombardeos. La disposición era tan estricta que has­ta la mujer de Martín Bormann (Se­cretario del Partido Nacionalsocia­lista y Secretario personal de Hitler), escribía el primero de noviembre: "Me tengo que pasar muchas horas zurciendo y remendando, aprovechando todo lo viejo y usado. Este año Hartmut ha he­redado todo lo de Gerda, y Volker lo de Hartmut". Antes de la guerra se consumía un promedio de 3,000 calorías por persona; en 1944 el racionamiento tuvo que hacerse más estricta y el promedio bajó a 1,671 calorías. Casi comía la mitad de lo normal. Pero mediante estas restricciones y la movilización más drástica de 1943 (que por cierto se implantaba inexplicablemente tarde), en Í944 la producción alcanzó un máximo increíble. En las peores condiciones desde que se había empezado'la guerra, debido a los devastadores bombardeos y a las. bajas padecidas, el ministro Speer hizo milagros y en algunos ramos sextuplicó la producción. En 1944 se produjo ma­terial suficiente para equipar 130 divisiones nuevas, como jamás se había logrado antes. El siguiente cuadro da una idea del esfuerzo realizado:

Producción 1942 1943 1944

Tanques 9,300 12,700 27,000
Piezas de artillería 11,800 17,800 40,000
Aviones 14,800 25,000 38,000
Municiones (Tons.) 1.270,000 1.650,000 3.350,000

La moral, sin embargo, descendió más entre numerosos funciona­rios que fueron fácil presa de los conspiradores natos, o sea de los que conspiraban por razones ideológicas desde antes de iniciarse la guerra. Una lejana ramificación de este grupo fue descubierta por la Gestapo y nuevamente estuvo en grave peligro el Almirante Canaris. A esto siguió una reorganización del Servicio Secreto y a Canaris se le dio la Jefatura del Departamento de Guerra Económica. No obstante, logró dejar cómplices suyos en el Servicio Secreto.

Los conspiradores integraron nominalmente un gobierno para sustituir a Hitler luego que fuera asesinado: presidente, el general Ludwig Bekc, ex jefe del Estado Mayor General; Canciller, doctor Goerdeler; ministro de Guerra, general Olbricht; jefe del Ejército, mariscal Von Witzleben. Según el historiador antinazi Walter Goerlitz, a traves del banquero sueco Wallenberg se hicieron conexiones con los amigos de Alemania, y Churchill dio su agreement a ese proyecto de Gobierno.

El desánimo de muchos generales era percibido por Hitler y sus legados. Martín Bormann le escribía a su mujer el 15 de julio: "Resulta sorprendente que esta guerra revele de un modo más claro cada día que pasa, que es el Fuehrer y los miembros más destacados del Partido quienes están imbuidos de la salvaje decisión de con­tinuar la lucha y la resistencia, y no los militares, los cuales cuanto más elevado es su rango, tanta más pasión deberían demostrar por esta lucha".

Hjalmar Schacht (el antiguo banquero y ex miembro del Gabinete e Hitler) salvó al conspirador Goerdeler de ser descubierto por la Gestapo. Para esto se valió de sus amigos judíos de Londres, quienes advertidos del peligro le escribieron una carta a Goerdeler, concebida en tales términos que la Gestapo se despistó. Por otra parte, Schacht premiaba a los generales descontentos a que actuaran en contra e Hitler. En estas maquinaciones distraía de sus deberes al general Lindemann, encargado del suministro de materiales de artillería a las ropas del frente antisoviético. Entretanto, un hijo de Schacht moría prisionero de los rusos.

También en el campo de la diplomacia había otro personaje que ultivaba buenas relaciones con el judaísmo. Era el embajador Von Papen, a quien eminentes israelitas le pidieron ayuda para evitar que miles de hebreos del sur de Francia fueran trasladados a lugares que Himmler consideraba menos expuestos para Alemania. Entonces Von Papen, embajador alemán en Turquía, logró que el Gobierno turco hiciera presión contra Alemania para suspender ese traslado, invocando que muchos de los afectados eran descendientes de judíos-turcos. El traslado no se efectuó. (1)
(1) "Memorias".—Franz Von Papen, antiguo rival de Hitler en la Cancillería.

Mientras esas disensiones internas cundían, los bombardeos de terror siguieron destruyendo zonas residenciales alemanas y dañando industrias. Esto ocasionó que Hitler le reprochara al mariscal Goering su "pereza" en la restauración de la Luftwaffe. El general Guderian presenció la escena y dice que el mariscal "no encontró palabras para responder", pues en efecto había descuidado su tarea.

El 23 de enero el general Eisenhower comunicó al general Arnold que existía grave peligro de que Alemania terminara diversas armas secretas antes de que se iniciara la invasión aliada de Europa occi­dental, y que esas armas podían frustrarla. En consecuencia, se redo­blaron los esfuerzos para desquiciar la industria bélica alemana. En esta tarea se empleó un número creciente de tetramotores, escoltados por miles de cazas, que ya entonces superaban en varios aspectos a los alemanes. El Thunderboldt, el Lightning y el Mustang tenían más radio de acción y mayor concentración de fuego.


P-51 Mustang
P 38 Ligthning








P-47 Tunderbolt



La semana del 17 al 24 de febrero las aviaciones de Roosevelt y de Churchill hicieron un supremo esfuerzo para aniquilar a la Luftwaffe, tanto en gigantescos combates aéreos como bombardeándole sus prin­cipales fábricas de aviones. En esos ocho días, que se llamó "la gran semana", hubo 6,155 salidas de bombarderos angloamericanos y 3,673 salidas de cazas. 383 tetramotores aliados fueron abatidos. La embes­tida culminó la noche del día 24 con un poderoso ataque contra las plantas de Regensburgo, donde cayeron 64 superfortalezas, que equi­valían al 20% de las atacantes. Los norteamericanos no podían so­portar una perdida tal, que sólo daba a sus tripulantes una vida de cinco incursiones, y la ofensiva amainó.

El 31 de marzo la aviación británica volvió a la carga y perdió 95 tetramotores. La Luftwaffe, gravemente herida, se batía desespera­damente. Para el mes de abril, por cada avión alemán en el aire había 6 u 8 de los aliados. En lo que iba del año habían perecido más de mil pilotos alemanes de caza diurna. Tan sólo el mes de abril 1,300 aviones fueron averiados o destruidos.

Las principales fábricas alemanas de aviones sufrieron daños consi­derables (el 50% de su rendimiento) y el Ministro Speer se apresuró a dispersarlas en bosques, túneles, aldeas y minas abandonadas. Inició así una gigantesca movilización para llevar a un millón de obreros y sus industrias a sitios más seguros. Y pese a tan grandes trastornos, la industria de guerra curaba sus heridas y seguía aumentando.

Los bombardeos aliados de terror, menos costosos que los ataques contra las industrias, volvieron a reanudarse. El 70% de las viviendas en la región minera del Ruhr fue arrasado, el 74% de Hamburgo fue dañado y se calculó que tan sólo la labor de limpiar los escombros tardaría cinco años. La ciudad de Colonia quedó también paralizada.

Berlín, Essen, Dusseldorf, Stutgart, Duisburgo, Francfort, Gelsen-Kirschen, Dortmund, Mannheim, Kiel y Hannover, sufrieron grandes destrozos con más de 10,000 toneladas de bombas cada una. Eva Braun escribía en 1944: "Pronto no habrá en Alemania nadie que no haya perdido a un ser querido y toda su fortuna... Esser me ha dicho; Poco importa vencer o no sobre el campo de batalla. De todas maneras, moralmente hemos ganado la guerra. Nadie se atreverá a sostener después del tremendo esfuerzo del pueblo alemán, que no hemos sido los más valerosos y los más tenaces, los que asestaron los mejores golpes y los que los soportaron con mayor coraje... Creo que el pueblo alemán está terriblemente agotado".

A mediados de 1944 era tan considerable la inferioridad numérica la Luftwaffe frente a sus contendientes de casi todo el mundo, que resuelta resistencia sobre el cielo de Europa parecía una locura sin esperanzas de victoria. En semejante situación se hallaban en tierra infantería y las divisiones blindadas, lo mismo que los submarinos el mar. Las masas bolcheviques abastecidas por su industria y por del extranjero avanzaban por el Oriente; tres ejércitos aliados empujaban desde el sur de Italia; el sabotaje cundía en casi toda Europa alimentado por hábiles agentes del servicio de inteligencia británico.

Además, grandes fuerzas aliadas se concentraban en el sur de Inglaterra para iniciar la invasión que abriría un frente más a los maltrechos alemanes.

¿Por qué el Alto Mando seguía resistiendo y por qué el pueblo mismo apoyaba esa resistencia? Para muchos estrategas aliados esto era inexplicable. Ahora es posible saber que la razón principal de esa resistencia era la certidumbre de que poderosas armas secretas estaban a punto de ser lanzadas a la lucha. Y el poderío de esas armas era tan grande que podría súbitamente ocasionar un cambio decisivo la suerte de la guerra.

Mientras miles de civiles perecían no­che a noche en los bombardeos, mien­tras miles de soldados se inmolaban a diario manteniendo el frente, los técnicos alemanes luchaban frenéticamente con el tiempo para suministrar las armas de venganza. No trataba de fantásticos o ilusorios proyectos, sino de realidades que habían sido sometidas a las pruebas más duras. Las armas ya existen. Pero el proceso para montar máquinas que las produjeran en serie requería tiempo. Era la lucha desesperada que silenciosamente libraba en las nuevas plantas subterráneas.

El proyectil controlado por radio —invento del Dr. Kremer—, la bomba voladora V-l y el cohete estratosférico V-2 habían pasado a la fase experimental y su producción en serie se iniciaba precisame­nte en 1944. Cerca de Calais se construía febrilmente una enorme relación subterránea a 110 metros de profundidad con amplias galerías, elevadores, plantas eléctricas y alojamientos para personal, con objeto de lanzar desde ahí una lluvia de proyectiles alados sobre concentraciones de tropas al sur de Inglaterra. Era ésta la V-3. consistía en unos enormes cañones que mediante cargas explosivas repartidas a lo largo del tubo imprimían a las granadas una velocidad supersónica de 1,500 metros por segundo. Ningún refugio resistiría el impacto. Podrían lanzarse aproximadamente diez mil bombas diarias.

La V-l, la V-2 y la V-3 estaban destinadas a frustrar los prepara­tivos aliados de invasión. Y sin invasión, la URSS se hallaba perdida. No solamente sería un golpe demoledor para la moral bolchevique contemplar que sus aliados no podían abrir el tan implorado segundo frente (que en realidad era el séptimo), sino que entonces grandes fuerzas alemanas inmovilizadas en la Europa Occidental podrían lan­zarse libremente sobre los soviéticos.

El ejército rojo se hallaba tan minado, por las fantásticas bajas su­fridas, que toda la suerte de la guerra giraba en 1944 alrededor de la apertura del nuevo frente.

Durante varios meses la 200a. Escuadrilla de Combate de la Luft­waffe estuvo haciendo planes sobre operaciones suicidas estilo japo­nés, pero Hitler las prohibió diciendo que al soldado debían dársele aunque fueran mínimas, posibilidades de salir con vida. En vez del suicidio deberían procurarse nuevas armas, Y en efecto, además de los proyectiles "V", Alemania estaba a punto de montar una revolu­cionaria aviación de guerra que reconquistaría casi de un solo golpe el dominio del aire. También en este ramo las nuevas máquinas ha­bían pasado ya la fase de experimentación e iba a iniciarse su pro­ducción en serie.

El Messerschmitt 262 era el primer avión de chorro en el mundo; desarrollaba 950 kilómetros por hora, según se había demostrado ya en una prueba práctica y se le iba a complementar con un nuevo invento, el proyectil-cohete R-4M, calibre 5.5 centíme­tros. Este proyectil llevaba 400 gramos de altos explosivos y un solo impacto bastaba para abatir una superfortaleza. Con el R-4M se po­día hacer fuego de precisión a 800 metros del blanco, fuera del al­cance de las armas defensivas del enemigo. Cada caza alemán llevaría 24 cohetes y se inició luego la ampliación de fábricas para producir el R-4M a razón de 25,000 por mes. La construcción en serie del avión de chorro Me-262 y del proyectil R-4M pondría fin a los bom­bardeos aliados de terror.
Messereschmitt 262 “Schwalbe”(Golondrina), armado con 4 cañones MK 108 de 30mm en el morro.

Esa posibilidad, de hacer fuego contra los bombarderos desde con­siderable distancia, había sido señalada por Hitler, quien puso a los peritos aeronáuticos el ejemplo de los tanques: al principiar la guerra su tiro efectivo era de 800 metros, en tanto que en 1943 alcanzaba tres kilómetros. Una cosa semejante quería en la aviación. La industria aérea había tratado de conseguirlo instalando cañones más grandes en los cazas, pero no logró nada práctico hasta que los proyectiles-cohete fueron mejorados. En el Me-262 se conjugaba la terrible velo­cidad de 950 kilómetros por hora con la tremenda capacidad de fuego de sus proyectiles R-4M.

Asimismo existía el "Natter", un pequeño avión caza que ascen­día a 13,000 metros de altura en tres minutos; durante la ascensión era dirigido por un piloto radioeléctrico accionado desde tierra, luego el piloto humano tomaba los controles, hacía fuego con 24 proyectiles-cohete y descendía en picada hasta una altura de 3,000 metros, en ese momento saltaba en paracaídas y automáticamente otro paracaídas más grande se abría para llevar el aparato a tierra. El "Natter" o necesitaba aeródromos y podía elevarse desde cualquier sitio en donde se hiciera una rápida instalación de los aparatos que lo guiaban en su vertiginosa ascensión. Al lado de este invento figuraba también el proyectil C-2 que mediante un sistema electrónico era dirigido contra los bombarderos atacantes.

El avión-cohete Bachem Ba 349 “Natter” (Víbora), armado con 24 cohetes de 73mm.

La última fase de la construcción en serie de todas estas armas se hallaba en marcha.

Por otra parte, los principales problemas de la bomba atómica es­taban resueltos, pero se requería un dispositivo para hacerla estallar n el aire, mediante una descarga eléctrica que debería operarse precisamente sobre el objetivo seleccionado. (Su estallido no era posible por percusión, al chocar en el suelo, como ocurre con las bombas ordinarias). Y asimismo se requería tener el dominio del espacio. Ahora bien, la Luftwaffe esperaba reconquistar el aire mediante los nuevos vienes de propulsión de chorro, probados ya satisfactoriamente y una producción en serie se hallaba en vías de iniciarse en las nuevas fabricas subterráneas.

Otra solución alternativa para utilizar la bomba atómica consistía en adaptarla al cohete estratosférico V:2, lo cual era factible, pero requería algunos meses de estudio. Hitler reveló algo de esto al entonces mayor Hans Ulrich Rudel al entregarle en Berchtesgaden la condecoración de brillantes de la Cruz de Hierro. EI acto se efectuó a fines de marzo de 1944 y el propio Rudel refiere que Hitler trató ampliamente de las armas "V" y manifestó que más adelante llevarán otra carga explosiva diferente a la conocida actualmente. Según sus palabras, se trata de un explosivo tan potente que gracias a éste, quizá podremos decidir la suerte de la guerra a favor nuestro. Ya estamos notablemente adelantados en este sentido y dentro de poco tiempo podremos contar con una producción satisfactoria". (I)


(1) "Piloto de Stukas".—Hans Ulrich Rudel.





Bombardero Turboreactor Arado Ar 234, armado con 2 cañones Mg 151 de 20mm y capacidad para 1.500 Kg de bombas.


















Caza Cohete Messerschmitt Me 163 “Komet”,
armado con 2 cañones Mk 108 de 30mm
Gotta Go








Heinkel He 280

Lo anterior coincide plenamente con la versión que el general Tomás Sánchez Hernández da en su "Historia del Armamento":

"Para Alemania, en 1944-45, se imponía desde luego, si quería utilizar esta nueva arma, proteger su territorio contra las incur­siones aéreas de los aliados; en seguida violar el del enemigo por medio de bombas-cohete (V-2) cargadas con bombas atómicas. Precisamente en la nariz cónica de la V-2 los alemanes habían estudiado alojar este terrible ingenio. En estas condiciones, sin ningún medio de defensa concebible, Londres y todo el sur de Inglaterra hubieran quedado bajo el fuego de las bombas atómi­cas. En efecto, ninguna aviación de caza, ninguna defensa contra aeronaves habría podido impedir que la bomba atómica caye­ra sobre Inglaterra. Por otra parte ninguna aviación de bombar­deo hubiera podido destruir los lugares de lanzamiento de la V-2, sencillamente porque es prácticamente imposible... En todo ca­so es un hecho que los alemanes construyeron una pila atómica en Helderloch, cerca de Sigmaringen".

En consecuencia, Hitler tenía cartas decisivas para cambiar el curso a guerra. La V-2, o la atómica, cada una por sí sola, eran suficientemente poderosas para frustrar la invasión aliada, siempre que se pudiera utilizar antes de que el golpe enemigo se descargara, ahora bien, la producción de todas esas armas, y de los nuevos aviones de propulsión de chorro, progresaba simultáneamente. Era una desesperada carrera contra el tiempo.

A fines de 1943 y principios de 1944 se creía que en el mes de Marzo habría suficientes V-l y V-2, para iniciar un fuego devasta contra el sur de la Gran Bretaña, donde los aliados estaban con­gregando fuerzas para el desembarque en Francia. Pero los bombarderos enemigos, la emergencia creada por la rendición de Italia y el esfuerzo gigantesco para sostener los vastos frentes de guerra ocasionaron una decisiva demora. Al finalizar marzo apenas principiaba producción en serie. Inmediatamente Rommel pidió a Hitler que la bomba voladora fuera lanzada sobre las concentraciones aliadas del de Inglaterra, pero Hitler repuso que aún no había suficientes ni V-2 para sostener, el ataque. Con un estrecho margen de semanas las fuerzas aliadas de invasión estaban salvándose de esas nuevas armas que podían trastornarles toda su operación, v este respecto el general Eisenhower escribió en "Cruzada en Europa":

"Parece muy probable que si Alemania hubiera logrado per­feccionar y usar estas nuevas armas seis meses antes de lo que lo hizo, nuestra invasión de Europa hubiera resultado excesiva­mente' difícil, quizá imposible. Estoy seguro de que si hubiera podido utilizar tales proyectiles por un período de seis meses, y particularmente si hubiera hecho de la zona Portsmouth-Southampton uno de sus principales blancos, la operación Overlord (la invasión de Europa) hubiera sido eliminada". Y naturalmente eliminada la invasión, la URSS estaba perdida. Todavía en 1944 la victoria seguía oscilando entre la .producción serie de las nuevas armas alemanas y los ataques abrumadores de la más grande coalición de la historia.

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