lunes, 23 de febrero de 2009

Capítulo V 2° Parte.

ALARMA DE LA
REINA DE LOS MARES


Al iniciarse la guerra en 1939 sólo ocho o nueve submarinos actuaban simultá­neamente contra les flotas aliadas mien­tras los 18 restantes se reabastecían o se dirigían a las líneas de combate. En los doce primeros meses de lucha Alemania botó 28 submarinos más, pero apenas bastaron para cubrir las bajas, que eran del 46% de sus efectivos. Cada submarino costaba casi el equiva­lente a doce millones de pesos. En el primer año de guerra habían hundido 471 barcos aliados con más de un millón de toneladas.

Casi otro tanto echaron a pique los bombarderos tetramotores FW-200, las minas y los 7 mercantes artillados que zarparon como corsarios en 1940 y que jugaban mortalmente a las escondidas con la flota bri­tánica en todos los mares. Para desorientar a sus perseguidores cam­biaban su camuflage en alta mar y a veces tenían que enfrentarse a barcos de guerra o a mercantes ingleses también artillados (barcos "Q"). Entre esos 7 corsarios alemanes figuró el "Atlantis", de 8,000 tonela­das, del capitán Bernhard Rogg, que-navegó 22 meses sin tocar tierra, recorrió 185,000 kilómetros abasteciéndose de lo que arrebataba al enemigo y hundió o capturó 22 barcos que en total desplazaban 146,000 toneladas, hasta que a su vez fue hundido en él Atlántico del Sur.

Otro de los corsarios famosos fue el "Orion", del capitán Kurt. Weyher, que en 17 meses de ininterrumpidas correrías escabullándose a la flota inglesa, hundió barcos por 80,000 toneladas y sembró 228 minas en las entradas de diversos puertos de Nueva Zelanda, las cuales ocasionaron graves pérdidas a los británicos.

En agosto de 1940 comenzó una nueva etapa de la lucha en el mar. Los británicos habían recurrido al sistema de convoyes, consistente en agrupar veintenas de barcos, con poderosa escolta, que forma­ban una gran fortaleza flotante, al parecer inexpugnable. Y contra ese sistema, el almirante Doenitz puso en acción la táctica de atacar en "manadas". Varios sumergibles mantenían comunicación inalám­brica entre sí y perseguían durante varios días a los convoyes.

Esta persecución no podía nacerse bajo el agua porque en inmersión el submarino era sumamente lento (13 kilómetros por hora), y por tanto tenía que correr grandes riesgos al navegar en superficie. Los vigías eran atados en la cubierta para que durante las tormentas no los arrastrara el oleaje. Y de tiempo en tiempo era necesario sumergirse para detectar con el hidrófono el rumbo del convoy, que con frecuen­cia era modificado para despistar a los perseguidores.

Los bombarderos ingleses, que iban en aumento, eran peligrosa amenaza para el submarino en la superficie. Cada día se apremiaba más a los constructores para que produjeran una nave capaz de per­manecer más tiempo sumergida y de correr a mayor velocidad bajo el agua, siquiera igual a la de los barcos. El ingeniero Walter traba­jaba desde 1936 en un proyecto para producir un verdadero sumer­gible, con motor de superóxido de hidrógeno, pero en 1940 todavía no pasaba de la fase experimental. Contra lo que generalmente se supone, todavía en esa época el submarino no era verdaderamente una nave submarina, ya que sólo podía caminar unas cuantas horas en inmersión y a velocidad muy reducida. En la superficie era una "cascara" vulnerable a cualquier cañonazo o al bombardeo de un avión ligero.

En una de las primeras embestidas de submarinos en "manada" —lla­mada "la noche de los cuchillos largos"—, participaron coordinadamen­te los ocho submarinos de los comandantes Prien, Kretschmer, Schpeke, Fraunheim, Endrass, Bleichrdodt, Moehle y Liebe. En una ¡ornada de dos noches de combate hundieron 38 grandes barcos con 325,000 toneladas. Fueron dos noches desastrosas para la marina británica.

El comandante Prien, que en Scapa Flow había hundido el acora­zado Royal Oak, fue el primero en rebasar las doscientas mil tone­ladas de barcos hundidos, después de un año de combates, cosa que le valió las Hojas de Encino para la Cruz de Caballero. Vivía entre­gado a su especialidad y decía que "un ejercicio de primera clase contra convoyes me gusta más que la mejor licencia".

Aunque Inglaterra había endurecido y perfeccionado sus defensas, las pérdidas eran tan altas que Churchill acudió a Roosevelt en de­ manda de más ayuda y éste le transfirió cincuenta destructores, que inmediatamente fueron puestos en acción contra los submarinos. Los combates entre sumergibles y grandes naves de guerra fueron ha­ciéndose más frecuentes. En una de ellas el U-99 del comandante Otto Kretschmer hundió a los cruceros "Laurentic", de 18,000 toneladas, y "Patroclus", de 11,000. Kretschmer navegaba sumergido de día y en la noche atacaba desde la superficie.

El arma submarina alemana, que Inglaterra había creído poder aba­tir fácilmente, estaba dando en esos días un rendimiento terrible. Doenitz reclamaba más y más naves para aprovechar esa situación que podía ser transitoria, pero hasta fines de 1940 no pudo disponer de más de 60 naves en acción. Italia había enviado 27 sumergibles .para que participaran en la batalla del Atlántico y Doenitz los recibió con grandes esperanzas y les dio minucioso entrenamiento, pero lue­go se quedó grandemente sorprendido al ver que en dos meses de recorrido los 27 submarinos sólo habían hundido un pequeño barco. Y es que casi todos seguían la vieja táctica de sumergirse y esperar que la presa pasara descuidada frente a ellos. Sólo los comandantes Cossato y Sazzana llegaron a dominar la nueva táctica y a hundir 16 y 11 barcos, respectivamente.

LA LUCHA EN 1941.

Aunque en enero y febrero del nuevo año el número de submarinos en acción descendió a 6, la flota británica seguía batiéndose con graves pérdidas y Churchill reclamaba más y más ayuda de Roosevelt. Este intervino crecientemente en una guerra no declarada, en particular cuando Alemania se lanzó contra la URSS. Sin embargo, durante todo 1941 Hitler mantuvo su orden de que los submarinos no contestaran los actos bélicos de Roosevelt. (El historiador inglés Hinsley lo comprobó así en los archivos alemanes capturados).

Durante marzo-y abril fueron hundidos doscientos barcos y se hizo más encarnizada la Batalla del Atlántico. Los submarinos alemanes te­nían nuevas bases en la costa francesa, que les permitían mayores re­corridos, como la de St. Nazaire, con 12 diques bajo un techo refor­zado de 7 metros de espesor a prueba de bombas. Por su parte, los ingleses habían aumentado sus estaciones de tierra para captar men­sajes de los submarinos y mediante triangulaciones llegaron a averi­guar con bastante exactitud el número de sumergibles en acción y la zona donde se hallaban.

Como el "asdic" (usado por los barcos ingleses) no detectaba a los submarinos cuando éstos navegaban, en la superficie, y como en la noche los submarinos se acercaban a los convoyes ingleses precisa­mente en la superficie, los británicos recurrieron a lanzar luces de ben­gala ("copo de nieve") que convertía la noche en día. Así los barcos de escolta podían atacar fácilmente a los submarinos no sumergidos. Sin embargo, esta era una arma de dos filos porque otros sumer­gibles alejados de los barcos de escolta aprovechaban la claridad para atacar. En estas batallas Alemania sufrió en marzo la. pérdida de tres de sus mejores comandantes de submarino. El día 17 el U-100, de . Schpeke, fue dañado con cargas de profundidad y se vio precisado a emerger, prácticamente como náufrago. En ese momento lo embistió un destructor inglés, cuya proa mató en su puesto de mando al co­mandante Joaquín Schpeke, que llevaba en su haber más de 200,000 toneladas hundidas. En ese mismo combate, media hora más tarde, el U-99 del capitán Otto Kretschmer navegaba en la superficie y se metió en medio de un convoy, para atacarlo, pero fue descubierto y hundido, aunque sobrevivió y fue capturado por los británicos. El almirante Doenitz lo consideraba su mejor alumno y su mejor coman­dante; llevaba hundidos 44 barcos con un total de 313,611 toneladas. (En 1962 es jefe de la naciente flota submarina alemana).

Aunque Yugoslavia y Grecia habían sido anuladas como bases mi­litares contra el Ejército Alemán, gran parte de los propósitos del judaísmo se habían realizado. El propio Churchill dice en sus Memorias: "Sabemos que la directiva de Hitler el día 18 de diciembre (1940) había prescrito el 7 de mayo (1941) como la fecha para la invasión de Rusia y que en su furia por la revolución de Bel­grado, la aplazó el 27 de marzo durante un mes y posteriormente hasta el 22 de junio". (I)

En ese mismo mes de marzo el teniente Prien desapareció sin dejar rastro. El día 7 había radiado a su base que perseguía a un convoy entre Irlanda e Islandia. Durante muchos días se le estuvo llamando infructuosamente: "U-47, comunique posición, situación y éxitos". Dos meses más tarde se le dio al fin por perdido y el almirante Doenitz dijo en su Orden del día: "Sunter Prien, el héroe de Scapa Flow, ha realizado su postrer viaje. Nosotros los submarinistas nos inclina­mos en señal de glorioso luto ante él y sus hombres. Cubierto por el inmenso Océano, Gunter Prien se encuentra, sin embargo, en­tre nosotros. Ninguna nave parte al Oeste sin que él la acom­pañe y sin que ella lleve consigo algo de su espíritu... Exuberante en brío juvenil y acometividad, será un perenne ejemplo para los combatientes submarinos". (I)

Y nuevos comandantes, con nuevos submarinos, recogieron la ban­dera de Prien y acrecentaron la flota submarina. La batalla del Atlán­tico cobró extraordinaria dureza en 1941. Las manadas se lanzaban contra la escolta de los convoyes y durante una semana se sucedían las complicadas maniobras de emerger, de sumergirse, de acomodarse para el tiro, de evadir las cargas de profundidad y de burlar a los destructores.

El 19 de noviembre ocurrió una de las más inusitadas batallas na­vales, cuando el mercante alemán "Kormoran", del capitán Theodor Detmers, que operaba como corsario desde fines de 1940 y que había hundido II navíos, con 77,000 toneladas en total, inesperadamente topó cerca de Australia con el crucero de guerra inglés "Sidney", de poderoso blindaje, 16 cañones y 8 tubos lanzatorpedos. La desigual batalla se inició a mil metros de distancia y el fuego del "Kormoran" fue tan veloz y certero (granadas cada 4 segundos) que a los pri­meros disparos el "Sidney" quedó mortalmente herido, aunque seguía disparando. A los 30 minutos de combate, tras de haberse cruzado más de 500 proyectiles, el crucero inglés se fue a pique con sus 640 marinos, en tanto que el mercante alemán se retiraba envuelto en llamas, hasta que minutos más tarde —ya cuando sus tripulantes se hallaban a salvo en balsas— estalló en pedazos y se hundió.

Churchill no cesaba de pedir más ayuda a Roosevelt y éste ordenó en abril que cuatro quintas partes del Atlántico fueran consideradas como zona de seguridad de Estados Unidos, lo cual equivalía a una intervención armada en favor de la flota británica. Ante los primeros triunfos alemanes contra la URSS, Roosevelt ordenó que fuerzas

(1) Después de terminar la guerra, la Gran Bretaña informó que el 8 de marzo de 1941 el destructor Wolverine atacó al submarino de Prien cuando éste se acercaba a un convoy; el U-47 logró sumergirse, pero fue dañado en su mecanismo de propulsión. El "Wolverine" lo mantuvo loca­lizado por medio del "asdic"; en la noche el submarino emergió tratando de evadirse y el destructor lo atacó hasta que el U-47 desapareció en medio de un destello y una explosión. No hubo supervivientes.

ame­ricanas relevaran a los británicos que se hallaban en Islandia, para que éstos pudieran reforzar la .lucha contra los submarinos alemanes. Y además mandó que la flota americana escoltara a los convoyes ingle­ses entre Estados Unidos e Islandia.

Al ver que la guerra iba empeorando para la URSS, Roosevelt ordenó que sus barcos acecharan a los submarinos alemanes para dirigir ' contra ellos a los bombarderos-ingleses. El destructor americano "Greer" atacó con cargas de profundidad al U-652, el cual disparó dos torpedos para escabullirse. Entonces Roosevelt se quejó de agre­sión y dijo al pueblo americano que los alemanes trataban "de someter a nuestros hijos y a los hijos de nuestros hijos a su dominio del terror y la esclavitud". Los historiadores americanos Langer y Gleason ad­miten que el "Greer" había estado persiguiendo al submarino alemán y guiando a los bombarderos ingleses contra él.

A partir de septiembre de 1941 (cuando el bolchevismo sufría gra­ves derrotas en la URSS), Roosevelt empeñó a la flota americana en una guerra no declarada contra los submarinos alemanes, que única­mente estaban en guerra contra la Gran Bretaña y la URSS, pero no contra Estados Unidos.

El historiador inglés Roslcill dice en su libro"La Guerra en el Mar": "Desde septiembre fue una realidad la participáción americana en la batalla del Atlántico".

Naturalmente todo esto hizo más pesada la lucha para los sumer­gibles alemanes, pero Hitler todavía insistió el 17 de septiembre en que se abstuvieran de atacar a los barcos americanos.

Las preocupaciones iban en aumento para el almirante Dpenitz, ¡efs de los submarinos, quien a mediados de año percibió síntomas de que los ingleses detectaban a los sumergibles desde el aire, pero los técnicos dijeron que eso no era posible y que el radar aún no podía usarse en los aviones. Algunos submarinos se habían perdido en forma extraña. Para agravar la situación, a fines de año tuvo que retirar sub­marinos del Atlántico y enviarlos al Mediterráneo, debido a que la flota italiana no garantizaba el abastecimiento de las tropas alemanas que habían ido a ayudar a los italianos en Noráfrica. Un total de 41 sumergibles fueron transferidos a las bases de Italia.

Para que los sumergibles duraran más en sus recorridos Doenitz diseminó barcos nodriza en diversos parajes del Atlántico, muy aisla­dos de las rutas usuales de navegación. Fue entonces posible que los submarinos, reabastecidos en mitad del Atlántico, hicieran recorridos hasta de nueve mil kilómetros. Pero esta táctica sufrió un golpe terri­ble en junio al ser hundidos por los ingleses 5 de los barcos nodriza, a los que dé la noche a la mañana localizaron en sus alejados parajes, tal como si conocieran exactamente su ubicación. ¿Coincidencia o sabotaje? A fines del año se repitió otro golpe igual y llegó a pen­sarse en una traición de alguien que se hallaba al tanto de los secretosde la flota.

Pero pese a todo esto Inglaterra estaba perdiendo en 1941 la ba­talla del Atlántico. No obstante su enorme flota y la ayuda que re­cibía de Roosevelt, por cada nave que construía perdía 3. En los dos primeros años de lucha fueron hundidos 2,432 barcos aliados con un total de 8.938,828 toneladas. La Luftwaffe hundió 526 de esos barcos. La situación de la Gran Bretaña era cada día más comprometida.

Por eso Churchill acudía una y otra vez a Roosevelt en demanda de ayuda (en 5 años de operaciones recibió cien millones de tonela­das de alimentos, de municiones y de materias primas). También lepedía más barcos porque los cincuenta destructores que le había ce­dido un año antes no eran ya suficientes. "Este peligro mortal —decía—­es la constante y creciente disminución del tonelaje marítimo..." Agregaba que en sólo cinco semanas se habían perdido 420,000 toneladas ' de barcos (más de setenta naves) y comentaba: "Nos falta la ayuda de la Armada Francesa, de la Japonesa y, sobre todo, la de los Estados Unidos... Estos dos acorazados alemanes (se refería al Bismarck y al Tirpitz aún no terminado) modernos y de primera clase, de 35,000 toneladas, con cañones de 15 pulgadas, nos obligan a mantener una concentración que no se había hecho antes necesaria.

Churchill se quejaba así de que su flota estuviera sola en la lucha, a pesar de que era la más grande flota del mundo, compuesta de 272" barcos de guerra de primera línea, entre los que figuraban 12 aco­razados, 7 portaaviones, 63 cruceros y 179 destructores. Sin embargó Churchill no se sentía seguro frente a la pequeña flota alemana dé 54 naves, que ocupaba un sexto lugar después de la inglesa, la norte­americana, la japonesa, la francesa y la italiana.

No era ésa, realmente, una actitud decorosa del Primer Ministro de la Reina de los Mares. El "Tirpitz" era uno de los dos únicos acorazados alemanes que tanto inquietaban a Churchill, pero aún no estaba terminado. El otro era el "Bismarck", y quedó listo en 1941. La noche del 21-de mayo zarpó de Noruega bajo el mando del vicealmirante Luetjens (quien durante un recorrido anterior en los cruceros Scharnhorst y Gneisenau había destruido 22 barcos británicos con un total de 115,000 tone­ladas). El "Bismarck" iba acompañado del crucero "príncipe Eugenio", de 10,000 toneladas. El día 23 las dos naves fueron avistadas por los cruceros ingleses "Suffolk" y "Norfolk", los cuales se concretaron a seguirlas a respetable distancia y a pedir, fuerzas superiores que las batieran.

A las 5 de la madrugada del día 24, en las frías aguas comprendidas entre Islandia y Groenlandia, dos poderosos acorazados británicos con­vergieron a cerrarle el paso al "Bismarck": uno era el "Hood", de 42,100 toneladas, barco insignia de la flota; su construcción había costado un equivalente a 115 millones de pesos en 1920. El otro era el moderno "Príncipe de Gales", de 35,000 toneladas. Las tripula­ciones de los cruceros "Suffolk" y "Norfolk", que habían seguido de lejos la marcha'del acorazado alemán, se dispusieron a presenciar su destrucción.

Churchill dice en sus Memorias que el "Hood" y el "Príncipe de Gales" habían pedido el refuerzo del acorazado "Renown", del por­taaviones "Ark Royal" y del crucero "Sheffield". Pero antes de que estas naves llegaran el "Hood" abrió el fuego a una distancia de 25 kilómetros; el "Príncipe de Gales" lo secundó. Instantes después el "Bismarck" contestó con los cañones de todas sus torres. La lucha se circunscribía a los dos acorazados ingleses, con un total de 17 grandes caño­nes (de 35 centímetros de diámetro), y el acorazado alemán con ocho. El crucero "Príncipe Eugenio" no podía participar en una batalla de gi­gantes.

Los acorazados, se cruzaban proyectiles de más de 800 kilos cada uno. El fuego del "Hood" era certero y a la tercera descarga logró situar disparos a corta distancia del "Bismarck", por am­bos costados. El "Prín­cipe de Gales" consi­guió lo mismo hasta la sexta andanada. Co­lumnas de agua se le­vantaban a 60 metros de altura y servían como puntos de referencia para afinar la puntería, todavía falla en novecientos metros.

Por su parte, el "Bismarck" había concentrado el fuego sobre el "Hood". Seis minutos después, a la tercera andanada, logró uno o varios impactos que ocasionaron una terrífica explosión. Los testigos dicen que una erupción de llamas se alzó entre los mástiles del "Hood" a más de trescientos metros de altura y que se vio ascender una gran bola incandescente. Torres completas de artillería y partes de coraza habían sido lanzadas al aire. Tras del relámpago cegador fue percep­tible que el "Hood" se había partido en dos y que los levantados extremos de la popa y de la proa se hundían rápidamente. De su tripulación de 1,500 hombres, encabezada por el Vicealmirante L E. Holland, sólo se salvaron tres. La explosión mató a la mayoría.

Los cañones del "Bismarck" se volvieron entonces contra el "Prín­cipe de Gales", le hicieron cuatro impactos con proyectiles de 15 pulgadas y tres con proyectiles de 8; uno le destruyó el puente .y otro le abrió un agujero por donde le penetraron cuatrocientas toneladas de agua. "El Príncipe de Sales" rompió entonces el combate y se retiró para ponerse a salvo. Llevaba varios muertos y heridos a bordo. Al parecer hubo entonces un momento de indecisión a bordo del "Bismarck": el comandante Lindemann quería regresar a la base de Noruega, por la misma ruta, y Hitler les dijo en radiograma que creía que eso era lo más conveniente, Pero el Vicealmirante Luetjens, que iba a bordo del "Bismarck", resolvió que se adentraran en el Atlán­tico para cumplir la orden de atacar convoyes británicos. Más tarde recibió noticias de que numerosos barcos enemigos convergían hacia él para cerrarle el paso, de tal manera que no le quedaría más al­ternativa que combatir nuevamente contra fuerzas superiores y tratar de alcanzar las bases alemanas en la costa francesa, a más de mil kiló­metros de distancia.

Churchill refiere así aquel dramático momento;

"El Almirantazgo Británico llamó a todas las fuerzas. El "Rodney", el "Ramillies", el "Rebenge" y otros acorazados fueron a la persecución del "Bismarck". Aquella noche el "Bismarck" cambió súbitamente de rumbo para enfrentarse a todos sus perseguidores. Ahora sabe­mos que este movimiento se llevó a cabo para cubrir la fuga del "Príncipe Eugenio", que diez días después llegó a Brest (Fran­cia). El portaaviones "Victorius" se unió a la caza del "Bismarck" cubierto por cuatro cruceros. Luego les siguieron los acorazados "Jorge V" y "Rodney".

En vista de lo ocurrido al "Hood", que era considerado como la nave más poderosa del mundo por su potencia de fuego, velocidad y coraza, el Almirantazgo Británico ordenó extraordinarias precaucio­nes y comunicó al acorazado "Renown" (próximo a la zona) que no fuera a entrar en combate con el "Bismarck", a menos que pudiera hacerlo junto con los acorazados "Jorge V" y "Rodney".

Acorazados, cruceros, destructores y portaaviones, procedentes de Groenlandia, de Inglaterra y dífGibraítar, fueron cautelosamente con vergiendo por los cuatro puntos cardinales. Así llegaron los cruce­ros de batalla "Renown" y "Repulse"; los acorazados "Nelson", "Rod­ney", "Príncipe de Gales", "Ramillies" y "Jorge V"; los portaaviones "Ark Royal" y "Victorious"; los cruceros "Norfolk", "Suffolk", "Shef-field" y "Dorsetshire", los destructores "Maori", "Zulú", "Sikh", "Piorun", "Cossack" y otros más, hasta hacer un total de 8 acora­zados y cruceros de combate; 2 portaaviones, 4 cruceros, 21 cazator­pederos, 6 submarinos y más de cíen aviones.".

De Groenlandia y de varios portaaviones salieron bombarderos y torpederos para localizar al "Bismarck", cuyo rastro habían perdido el día 25 los cruceros ingleses "Suffolk" y "Norfolk". De pronto, el "Bismarck" comenzó a comunicarse largamente con el Alto Mando de la Marina y delató su posición. Los británicos no salían de su asom­bro. .. ¿A qué se debía esa insensatez? Posteriormente se supo que a bordo del "Bismarck" se registraron las pulsaciones eléctricas de los radares de los dos cruceros ingleses, de tal manera que Luetjens creyó que no le habían perdido la pista. Lo que ignoraba era que tales pul­saciones, muy débiles, no alcanzaban a regresar a los cruceros britá­nicos y que éstos daban ya por perdida la pista de! "Bismarck".

Al funcionar la radiotransmisora, el acorazado alemán delató su po­sición a los dos cruceros que lo seguían a respetable distancia. Como consecuencia, no tardaron en caer bandadas de aviones bombarderos y torpederos que estuvieron acosándolo todo el día 26. Al anochecer, después de tres días de persecución, el acorazado alemán fue alcan­zado por un torpedo aéreo que le destruyó los timones y le averió las hélices. (Previamente la protección del timón había sido dañada por otro torpedo). Al pegar el segundo torpedo en el mismo sitio, el daño fue irreparable. Aunque intacto, el gigante quedó casi al garete y movién­dose lentamente en mitad del Atlántico; no podía maniobrar ni tomar dirección determinada. Sus 138,000 caballos de fuerza eran ya inútiles.

Luetjens comprendió que estaba perdido... Esa misma noche envió el siguiente radiograma al Alto Mando de la Marina: "Buque incapaz de maniobrar. Lucharemos hasta la última granada. ¡Viva el Fuehrer!— Vicealmirante Luetjens".

A las dos de la madrugada los cazatorpederos "Maori", "Sikh", "Zu­lú", "Piorun" y Cossack." disminuyeron la distancia y comenzaron a lan­zar andanadas de torpedos contra el "Bismarck", que ya se hallaba inmóvil. A pesar de la obscuridad éste contestó con fuego muy cer­tero, por primera vez en la historia dirigido por radar, y los cazator­pederos volvieron a alejarse. Estos también tenían radar, pero era de un tipo todavía muy primitivo.

Al amanecer el día 27 el vicealmirante Luetjens pidió que un submarino se acercara para entregarle su cuaderno de bitácora. Por un capricho del azar la comisión le fue dada al U-556 del teniente Wohl-farth, quien tiempo antes se había cruzado en su base con el "Bismarck" y le había dicho mediante señales, humorísticamente: "Cuando le toque zarpar, no se preocupe. Cuidaré de que no le pase nada malo". Ahora el "Bismarck", en capilla, lo llamaba para entregarle sus me­morias.

El U-556 trató de acercarse y súbitamente, al emerger, se encontró que tenía a tiro al acorazado inglés "Renown" y al porta­aviones "Ark Royal". Era una posición privilegiada en que bastaría disparar los torpedos de proa y popa para hundir ambas naves que cercaban al "Bismarck". Pero lleno de amargura Wohlfarth no pudo ha­cer nada por su hermano mayor: no le quedaba ya ni un solo torpedo... En su bitácora anotó:

"¡Si tuviera ahora torpedos! Posición ideal para un ataque. ¡Sin destructores, sin zig zag!... Observo disparos de bengalas y fuego de defensa del "Bismarck". Ataque de artillería. Una sensación espantosa, estar cerca y no poder hacer nada".

Ni siquiera pudo el U-556 recoger la bitácora del vicealmirante Luetjens. Dos horas antes, a las 8.47 de la mañana, el "Bismarck" había comenzado su última batalla. Los acorazados "Ródney" y "Jor­ge V" iniciaron el cañoneo, inmediatamente seguidos del "Príncipe de Sales" y de otros más. El acorazado alemán ya no podía maniobrar y relativamente era una presa fácil.

El comandante del 'Dorsetshire" también participó en el cañoneo durante nueve minutos, pero después declaró que se había retirado "porque ya no era posible distinguir los disparos, que llovían sobre el Bismarck". Varias-naves también lo acosaban con torpedos. Doce bombarderos del "Ark Royal" volaron sobre la acorralada presa y debido a lo nutrido del fuego no pudieron descender lo suficiente para atacar.

Ante la imposibilidad de maniobrar y de dirigir el tiro, él vicealmi­rante Luetjens ordenó a todas las torres de artillería "fuego a discre­ción". Los'artilleros que morían eran sustituidos por personal no es­pecializado sólo para que simbólicamente siguieran disparando. Frederick Kramer dice que por unos momentos los marinos cantaron suhimno ante el fin inminente de su nave.

El "Bismarck",.inmóvil a 640 kilómetros de Brest, resistió un fuego concentrado que antes ninguna otra embarcación de guerra había recibido. Durante algunos minutos disparó contra el "Jorge V" y cóntra el "Ródney", pero bien pronto el fuego de tres barcos le inutilizó sus cañones, que quedaron muertos apuntando hacia diversos rumbos. A las 10 de la mañana la cubierta del acorazado estaba destrozada y se elevaban grandes humaredas. Como la .nave seguía a flote y sin arriar la bandera, le siguieron lloviendo granadas y torpedos desde cuatro barcos, hasta que a las 10.40 comenzó a hundirse de costado.

El oficial británico L. R. Crocker refirió: "Vi que nuestras granadas; sacaban las entrañas al "Bismarck". Acometimos contra su popa y se extendió el incendio en la nave. Pero los nazis tenían valor.

El "Ródney" disparó contra la torrecilla posterior hasta derríbaria. Para entonces, el "Bismarck" se hundió entre llamas y olas con su bandera izada que significaba no rendición".
Cuando el acorazado alemán sé fue a pique, la Flota Británica tuvo oportunidad de ejercer un último desquite: se retiró de aquellas aguas sin rescatar a los náufragos supervivientes, entre los cuales figuraban muchos de los 500 cadetes de ¡a marina alemana que hacían su primer, viaje de entrenamiento.. Al parecer sólo algunos fueron recogidos para interrogatorios. El oficial británico L. R. Crocker dijo:

"Había muchos 'jerries'.(alemanes) en, el agua y no tenían nada a qué aferrarse, ni si­quiera una balsa". Así quedó vengado el hundimiento en combate del acorazado "Hood", barco insignia dé la Flota Británica.

El capitán Russell G'rerifell (I), de la Real Armada Británica, hace! notar que meses antes cíe la batalla" del "Bismarck", Alemania había:: lanzado al Atlántico a sus cruceros de combate "Scharnhorst” y "Gneisenau", que luego fueron inmovilizados y cercados en Brest,' Y agrega que poco después del hundimiento del "Bismarck" "quedó iste» su hermano gemelo, el "Tirpitz". "Si los alemanes se hubieran esperado hasta que el “Tírpitz” estuviera listo —-dice Russell Grenfell-- y entonces hubieran enviado a los cuatro juntos; el problema de habérselas con ellos eh alta mar hubiera sido en verdad espinoso. Pero, felizmente para nosotros, los alemanes decidieron gastar centavo a centavo, el capital de sus naves".

En efecto ese error dé impaciencia fue cometido por Alemania lo mismo con los barcosque con otras armas (como ciertas minas, tanques y aviones) cuya superioridad cualitativa pudo haber rendido incalculables dividendos caso de haberse usado con mayor concentración.

(1) "El Episodio del Bismarck".—Cap. Russell Grenfell, inglés.

4000 SEPULTURAS EN MALEME

Tras la victoria alemana. en Yugoslavia y Grecia, los británicos se retiraron a la isla de Creta, en la cuál proyectaban erigir bases aéreas contra las bases alemanas de la Europa Sudorienta! y: eventualmente desquiciar el abastecimiento de petróleo del Reich bombardeando los campos petroleros de Rumania. El general Freyberg se hizo cargo del mando aliado en Creta. Aunque por el mo­mento el peligro era insignificante, Hitler vio con inquietud ese ámago al flanco derecho de su proyectada invasión de Rusia. Alentado por el general Kurt Student, comandante del I lo. Cuerpo Aéreo, accedió a un peligroso intento de capturar Creta desde el aire.

Como los preparativos se hicieron forzosamente en Grecia, el espío- ' naje aliado tuvo oportuno conocimiento de ellos. El 17 de abril (1941) Churchill ordenó al general Wavell que se previniera para preservar a Creta. 28,600 soldados británicos se parapetaron en la isla, al lado de otros 28,000 soldados griegos. Este total ,de 56,600 hombres dis­ponía de artillería, cuerpos de tanques y vehículos dé transporte, por lo cual parecía suicida cualquier ataque de paracaidistas, cuyo nú­mero necesariamente tenía que ser muy inferior y prescindir de armas pesadas y de autotransportes. Hitler mismo abrigaba muchas dudas sobre la suerte del ataque.

El general Freyberg, comandante de la guarnición aliada de Creta, comunicó al Alto Mando inglés, el 5 de mayo (I): "No puedo expli­carme la nerviosidad; no me preocupa lo más mínimo un ataque ae­rotransportado". Mostraba más preocupación por una invasión na­val, pero la Real Armada había ya descartado esa posibilidad.

Quince días más tarde —el 20 de mayó*^-, la séptima división de transporte por aire, que era la única con que contaba Alemania, emprendió una' de las más arriesgadas acciones militares de todos los siglos. Cinco mil paracaidistas fueron arrojados ese día por la Luftwaffe cerca de las tres principales bases militares de Creta: Maleme, Retimo y Heraklión. Después de un ataque de 640 aviones, cinco mi miembros del movimiento nacional-socialista de Hitler arros­traron con .fanático espíritu de lucha la tarea de atacar a una guar­nición enemiga de 56,600 hombres, dotada de armas pesadas y fir­memente acantonada en sus defensas. La desproporción era tan gran­de que el general Freyberg, comandante aliado en Creta, había dicho:

"No me preocupa lo más mínimo un ataque aerotransportado".

El propio Mando Alemán tenía profundas dudas acerca del éxito del asalto y se abstuvo de dar a conocer su iniciación. Refiriéndose a esa acción de guerra, el capitán británico Liddell Hart escribió: "Hace diez años ocurrió la hazaña más pasmosa y audaz de la guerra. Fue también a más sorprendente de todas ias operaciones aerotransportadas".

La lucha librada el 20 de mayo tuvo excepcionales características de violencia. La capacidad de fuego de la guarnición superaba varias veces el relativamente débil fuego de los atacantes. El Regimiento de Asalto de los paracaidistas alemanes luchó desesperadamente por la base aé­rea de Maleme; sufriendo pérdidas que podían haber arredrado a cual­quier otro cuerpo de combate, ganaba terreno milímetro a milímetro.

La proclama del teniente coronel Von der Heydte a su regimiento de asalto estaba teniendo validez en la prueba de fuego: "Yo exijo de cada soldado la plena renuncia a todo apetito personal. Quien ha jurado servir la bandera de Prusia, ¡ya no posee nada suyo! ¿.. Porque de la abnegación y renuncia de la condición individual es de donde surge la auténtica personalidad marcial... Todo soldado tiene que aprender a creer en la victoria, hasta si en ciertos momentos pareciera inconcebible".

El segundo día de la batalla Churchill pudo dar un informe opti­mista en la Cámara de los Comunes y anunció que "la mayor parte1' de los paracaidistas había sido aniquilada. Los supervivientes lucha­ban sin desmayo, pero se creía poderlos dominar. También el Cuartel General Británico del, Medio Oriente siguió confiando en la victoria otros dos días más.

"La noche del 20 al 21 de mayo —dice el general Student, comandante de los paracaidistas alemanes— fue crítica para el Mando Alemán. Tuve que tomar una grave decisión. Decidí em­plear la masa de las reservas de paracaidistas, con que todavía contaba, para la ocupación final del aeródromo de Maleme. Si el enemigo hubiese hecho un contraataque organizado durante esa noche o en la mañana del 21 de mayo, probablemente hu­biese tenido éxito en derrotar los muy abatidos y exhaustos restos del regimiento de asalto, máxime que éste sufría de una terrible escasez de municiones".

(1) Cómo se Perdió Creta.—Capitán Liddell Hart.

Ese regimiento se enfrentaba con el valioso regimiento de asalto de las tropas escogidas de Nueva Zelandia y con otros contingentes britá­nicos. Al siguiente día las mermadas reservas de paracaidistas capturaron en parte el aeropuerto y el pueblo de Maleme y esa misma tarde llegó de refuerzo el primer batallón alpino alemán, a bordo de 500 trans­portes y planeadores. Ciento cincuenta de ellos fueron derribados o se accidentaron al bajar, pero lo más crítico de la batalla había pasado ya.

Sin embargo, miles de paracaidistas habían muerto. En el momento supremo se inmolaron resueltamente conforme a su propio canto de guerra: "Alemania debe vivir aunque nosotros tengamos que morir".

Cierto que en todas las batallas hay en mayor o menor grado ese espíritu de sacrificio, pero no una certidumbre tan palpable de que la muerte es ineludible como la que afrontaron los paracaidistas en esa lucha excepcionalmente desigual.

El mismo Churchill confiesa en sus Memorias: "Puede decirse que la batalla de Creta fue única. El cuerpo aéreo alemán representaba la llama del movimiento juvenil de Hitler y era una encarnación ar­diente del espíritu teutónico del desquite por la derrota de 1918.. La flor y nata de la virilidad alemana estaba expresada en esas tropas paracaidistas de los nazis, valientes, bien entrenadas y com­pletamente fanáticas. Ningún ataque de los lanzados por los ale­manes había sido más atrevido ni más implacable".

Por su parte, la guarnición aliada combatió con coraje, y del coraje pasó a la rabia, al ver cómo aquel puñado de jóvenes soldados iba arrebatándole la isla que había considerado inexpugnable. El Alto Mando Alemán denunció que las tropas aliadas no estaban haciendo prisioneros a los paracaidistas cercados, inermes o heridos, sino que los descuartizaban a bayonetazos; violando fas leyes de la guerra —decía— se había hecho fuego contra los paracaidistas antes de que lle­garan a tierra. Para aminorar este riesgo, la Luftwaffe hacía vuelos casi rasantes y arrojaba a los soldados desde muy poca altura, ape­nas para dar tiempo a que sus paracaídas se abrieran.

"Muchos—dice Liddell Hart— fueron-muertos o heridos por accidentes en los aterrizajes, pero aquellos que sobrevivieron eran los más fieros combatientes, mientras sus adversarios numé­ricamente superiores no estaban tan altamente adiestrados". Los paracaidistas contaban con recibir armas pesadas y refuerzos por mar, pero las pequeñas embarcaciones mercantes que llevaban esos re­fuerzos carecieron del apoyo de la flota italiana —que no se atrevió a acercarse al combate— y la flota británica se dio gusto cazando lanchones. En esa operación murieron ahogados 800 soldados alemanes que trataban de llegar a Creta, y 1,500 tuvieron que regresarse a Grecia.

Carentes de marina en el Mediterráneo, los alemanes sólo pudieron lanzar su aviación contra la flota británica, y en rabiosos ataques de venganza hundieron a los destructores "Herward", "Kelly", "Greihound" y "Kashmir" y a los cruceros "Gloucester" y "Fiji", además de averiar gravemente a 4 cruceros más y a los acorazados "Warspite" y "Valiant". Los ingleses perdieron dos mil marinos. Su Flota del Mediterráneo, maltrecha, tuvo que retirarse el 23 de mayo. Pero ni ese (triunfo alentó a la escondida flota italiana.

El séptimo día de lucha el comandante británico en Creta, general Freyberg, informó a Churchill: "En mi opinión las tropas bajo mi man­do han llegado al límite del sufrimiento... Nuestra posición aquí es insostenible". Liddell Hart comenta que "ese veredicto, vi­niendo de un soldado como el general Freyberg, poseedor de la Cruz de la Victoria, no fue refutado". Churchill accedió a la retirada por mar, la cual-se inició la noche del 29 de mayo, exacta­mente diez días después de que principió el ataque alemán. 16,000 soldados aliados fueron evacuados-de Creta y 11,000 de ellos logra­ron llegar a Egipto; 2,000 perecieron en los ataques aéreos alemanes a la Flota Británica en retirada. El resto de la guarnición (40,000 hom­bres) cayeron prisioneros en a isla. En las Memorias de Churchill estas cifras son menores porque sólo aluden a los efectivos y a las bajas de los ingleses, australianos y neozelandeses, que eran 28,600, y no incluye a las dos divisiones griegas compuestas de otros 28,000 soldados.

Para el día 29 en que se inició a retirada de los británicos, los alemanes ya habían logrado llevar un total de 22,000 hombres, pero los que estuvieron en lo más crítico de la lucha, los que con sus vidas hicieron posible la victoria, reposaban para siempre en 4,000 sepulturas cerca de Maleme.

El escritor norteamericano Robert E. Sherwood dice: "La derrota que los paracaidistas alemanes infligieron a los ingleses fue una de las más aplastantes y humillantes de la guerra". Sin embargo, no es ése el significado de la batalla de Creta; su real significación, su verdad histórica, es el coraje militar con que el ejército alemán sacudió de uno al otro confín de Europa las garras con que los pro­tectores judíos del marxismo querían asirlo por la espalda y por los flancos para retardar y aminorar su golpe contra la URSS.

Los soldados alemanes muertos en las nieves de Noruega fueron la Muralla con que el Ejército Alemán guardaba el flanco izquierdo de su futura ofensiva contra la URSS; los cadáveres dejados en los campos de Francia protegían la .retaguardia de esa misma ofensiva; y las 4,000 sepulturas de Máteme, en Creta, eran simbólica muralla de! flanco derecho. El auténtico frente —el frente-de la cruzada que desde 1919 proclamó Hitler contra el marxismo israelita— apuntaba hacia e! Oriente bolchevique. Después de Creta... ¡Rusia!

Al epilogarse en Creta el " desplome aliado en los Balcanes, Hitler aseguró al fin las bases militares desde las cuales lanzaría la invasión de la URSS. Grandes ejércitos alemanes se habían reconcentrado ya en Pru-sia, en Polonia y en Rumania; eran tan grandes que no podían pasar inadvertidos para nadie ni ser disimulados bajo camouflage. Henry C. Cassidy, corresponsal de la "Associated Press", así lo admite en su libro "Fechado en Moscú". Dice que en todas las cancillerías de Europa se anunciaba la proximidad del choque germanosoviético.

Los servicios secretos de Churchill y Roosevelt tuvieron detallado conocimiento de esos preparativos y se los comunicaron a Stalin, pero se los ocultaron a sus propios pueblos. La propaganda clamaba que Occidente se hallaba en peligro de invasión y esta superchería tenía por objeto azuzar a la opinión pública y rechazar la paz que Hitler pro­ponía, porque en caso de hacerse la paz, el marxismo israelita tendría que luchar solo.

El 8 de enero de 1941 Hitler le dijo á su Ministro Ribbentrop (I) que seguía dispuesto a hacer concesiones para llegar a un acuerdo con Inglaterra, pero que el Gobierno inglés no quería tomar en con­sideración esa posibilidad. Recién terminada la campaña de los Bal­canes, casi en vísperas de la invasión de Rusia, Hitler repitió lo mismo a Rudolf Hess (líder del Partido Nazi, representante del Fuehrer y sucesor suyo después de Goering).

Esto hizo pensar a Hess que una "acción fuera de lo corriente, que llamara la atención de todo el mundo, acaso lograría suavizar la irre­conciliable actitud de Inglaterra" (2) y decidió volar a la Gran Bre­taña para ofrecerle la paz. Después de secretos preparativos, la tarde del 10 de mayo (1941) salió de Alemania piloteando un avión de caza Me. 110. En una carta que le dejó a Hitler le decía: "Y en él caso, mi Fuehrer, de que mi proyecto fracase, y reconozco que existen muy pocas probabilidades de éxito, y el Destino se muestra adver­so, no puede tener esto para usted, ni para Alemania, consecuen­cias graves: declare que estoy loco".

(1) "Memorias", Joaquín von Ribbentrop, Ministro de Relaciones Ex­teriores.
(2) "Por qué huí de Alemania".—Use Hess, esposa de Rudolf Hess.

A las diez de la noche de ese día Hess cruzó la costa inglesa a 750 kilómetros por hora, volando peligrosamente bajo para eludir a la aviación británica. A las 22.40 horas localizó Dungavel, finca del du­que de Hamilton, y se arrojó en paracaídas. Era ése su primer salto en paracaídas y estuvo a punto de perecer.

Hess llevaba el propósito de convencer a los ingleses de que Ale­mania quería su amistad y de que Hitler sólo pretendía aniquilar al marxismo Churchill admite en sus Memorias: "El 10 de mayo el Duque de Hamilton me buscó urgentemente para decirme que Hess ha­bía llegado a Escocia. Era el suplente del Fuehrer, miembro del Consejo Secreto del Reich, miembro del Gabinete Secreto para Alemania y Líder del Partido Nazi.

"Conocía y era capaz de entender los pensamientos íntimos de Hitler, tales como su odio por la Rusia Soviética, su ambi­ción de destruir el bolchevismo, su admiración por Inglaterra y su sincero deseo de mantener su amistad con el Imperio Britá­nico… La idea que tenía Hess acerca de! cuadro europeo, era la de que Inglaterra había sido apartada de sus verdaderos intereses y de una política de amistad con Alemania, pero sobre todo de una alianza contra el bolchevismo, por los incitadores a la guerra, de los cuales Churchill era la manifestación superficial.

"Pero si él, Rudolf, podía llegar al corazón de Inglaterra y hacer que su rey creyera lo que sentía Hitler por su nación, las fuerzas malignas que ahora regían en aquella infortunada Isla, y que habían traído consigo tantas miserias innecesarias, que­darían suprimidas...

"¿Hacia quién volverse? Ahí estaba el duque de Hamilton. Lo había conocido en los juegos olímpicos. Sabía también que el duque de Hamilton era el senescal del rey. Un personaje así probablemente comería todas las noches con el soberano, quienseguramente le prestaría toda su atención. He aquí un conducto de acceso directo.

Por eso fue que Hess descendió cerca de la casa del Duque de Hamilton y pidió entrevistarse con él. Pero no logró hablar con el rey. El Duque lo puso en contacto con Churchill y éste lo encarceló y lo mantuvo aislado. (Posteriormente se le condenó a prisión-per­petua). La propaganda tendió luego una espesa nube de reticencias y mentiras para ocultar a los pueblos occidentales el propósito de paz " que llevaba Hess. Simultáneamente se soslayó la inminencia de la in­vasión alemana de Rusia, y a sabiendas de que Hitler no preparaba ninguna ofensiva contra Inglaterra, siguió alentándose la patraña de que Estados Unidos y la Gran Bretaña se hallaban en mortal peligro.

Con objeto de reforzar esa falsedad y de acrecentar la psicosis de guerra, Roosevelt proclamó el 27 de mayo "una emergencia na­cional ilimitada" y engañó a su pueblo haciéndole creer que de un momento a otro los nazis podrían llevarle la más espantosa desolación. (En esos momentos 145 divisiones, de un total de 208 de que disponía Hitler, se alistaban ante la frontera soviética para el asalto contra el bolchevismo). Con la "emergencia ilimitada" declarada por Roosevelt prácticamente todos los recursos de Estados Unidos se alinearon en la guerra contra Alemania y anticipadamente se colocaron al servicio de la URSS, que era realmente la que peligraba.

Así logró el movimiento político judío que los pueblos occidenta­les —democráticos y religiosos— se aliaran incondicionalmente a la tiranía que más furiosamente proscribía la libertad y la religión. Los israelitas de Occidente y los israelitas que habían entronizado en Mos­cú el sistema político del judío Marx, formaban un sólido frente.

¡En toda la historia de la humanidad era ésa la coalición más grande levantada por el judaísmo político mediante la perfidia del engaño!

HMS Hood, 1924



El acorazado Alemán Bismark


El Bismark








jueves, 19 de febrero de 2009

Capitulo V 1° Parte

Hipotético lector, comenzamos a postear los capítulos restantes de "Derrota Mundial", les recordamos que ya hemos posteado los capítulos I,II,III, IV y XI, lo hicimos por la premura ya que está circulando una versión interpolada, y justamente la interpolación puede ser neutralizada mediante la publicación del capitulo XI, por eso lo posteamos antes.
CAPITULO V
De Nuevo Hacia el Oriente
(1940-1941)
Otros dos Ofrecimientos de Paz a Inglaterra.
Terrorismo, en vez de Sólo Lucha Entre Soldados.
Francia También Rehúsa la Reconciliación.
Complicidad de Occidente con la Expansión del Marxismo.
Carne de Cañón para Frenar el Golpe Contra la URSS.
Alarma de la Reina de los Mares.
4,000 Sepulturas en Maleme.
Un Esfuerzo más para Hacer la Paz con Inglaterra
OTROS DOS OFRECIM IENTOS
DE PAZ A INGLATERRA

Por tercera vez en un lapso de diez meses, desde que la gue­rra se había iniciado, Hitler hizo público su viejo empeño de amistad con Inglaterra. A 22 días de la rendición de Francia, el 14 de julio de 1940 le declaró al periodista norteamericano Wiegand:

"Nunca fue mi intención ni mi objetivo destruir al Imperio Bri­tánico. Al contrario, aun antes de comenzar la guerra, le sometí proposiciones al gobierno inglés. Mi proposición fue rechazada con desdén".

El 19 de ese mismo mes, un llamado de paz más amplio, formal y solemne fue formulado por Hitler desde la tribuna del Reichstag: "Aún hoy todavía lamento — dijo — que a pesar de todos mis esfuerzos no haya podido llegar a aquella amistad con Inglaterra que, como creo, hubiera sido una bendición para los dos pueblos. No tuve buen éxito, a- pesar de todos mis esfuerzos honrados.

"En esta hora considero mi deber ante mi propia conciencia apelar una vez más a la razón y al sentido común, lo mismo en Gran Bretaña que en otras partes (Estados Unidos). Me consi­dero en situación de dirigir este llamamiento ya que no soy un vencido que solicita favores, sino un vencedor que habla en nom­bre de la razón. No veo motivo para que esta guerra tenga que continuar... Yo he aligerado mi conciencia respecto a las cosas que vendrán".

A continuación, según el historiador inglés F. H. Hinsley, siguieron gestiones diplomáticas de paz por conducto de Suecia y del Vati­cano. Este cuarto llamamiento de paz, desde que la Gran Bretaña había declarado la guerra a Alemania, fue complemento de la orden que Hitler dio a sus divisiones blindadas para hacer alto frente a Dun­kerque y permitir así la escapatoria de los soldados ingleses. Pensaba que en esa forma no se enardecerían más los ánimos en Inglaterra. Pero su llamado a la concordia corrió la misma suerte que los anteriores. La propaganda lo desfiguró, lo ridiculizó y criminalmente lo presentó al pueblo inglés como una exigencia a la "rendición". En seguida Lord Halifax, Ministro de Relaciones de Inglaterra, dio un terminante "no" El "Times" azuzó con los encabezados siguientes: "El Pueblo británico declaró la guerra a Alemania y la continuará"; "Un desdeñoso silencio fue la respuesta de Churchill".

Y para ahogar todo intento pacifista del" pueblo británico la propa­ganda comenzó a agitar a la opinión pública con el espantajo de la invasión. Apenas concluida (a lucha en Francia, se inició el traslado del ejército alemán hacia el Oriente. Churchill y sus demás colabora­dores sabían perfectamente que el siguiente golpe iba contra la URSS, pero cuidaron de no revelarlo así al mundo ni al pueblo inglés. Por el contrario, se creó un estado de psicosis anunciando a diario que la invasión alemana de Inglaterra era inminente.

Liddell Hart refiere así ese momento: (I) "Aunque el Ejército Británico se les había escapado a las fuerzas blindadas alemanas, no estaba en condiciones para la defensa de Inglaterra. Había abandonado la mayor parte de su armamento y los almacenes do­mésticos estaban vacíos... De momento nosotros creímos que el detener a la Luftwaffe en la batalla sobre Inglaterra era lo que había salvado al Imperio Británico. Eso sólo es parte de la ex­plicación. La última es ésta: la causa original, la que se profundiza más, es la de que Hitler no quiso conquistar a Inglaterra. Tomó muy poco interés en los preparativos de la invasión y por se­manas no hizo presión sobre éstos... En su lugar se estaba pre­parando para invadir a Rusia".

La conversión de cien divisiones alemanas desde la Europa Occi­dental hasta la Europa Central, para preparar el ataque a la URSS, era un hecho gigantesco que no podía ocultarse, máxime que se ope­raba sobre territorio belga y francés, donde los espías

1) Los Generales Alemanes Hablan.—Cap. Liddell Hart, historiador británico.

aliados se mo­vían casi libremente, usté enorme movimiento de dos millones de hombres con todo su equipo bélico se inició en julio y se aceleró a fines de 1940. Pero a fin de que Occidente no abandonara la lucha, la propaganda siguió explotando la falsa amenaza de la invasión a Inglaterra como un recurso de agitación popular. En esa infame re­presentación teatral Churchill lanzó un reto para que se desencade­nara la ofensiva que ni Alemania preparaba ni Inglaterra tenía con qué afrontar: "A Hitler se le han dado los primeros autobuses para realizar su viaje a Londres —dijo Churchill a fines de ¡unió—; sólo le queda el último".

Esas bravuconadas eran sólo farsa y engaño. El general británico H. Rowan Robinson dice en "La Estrategia de la Guerra" que des% pues de la caída de Francia no existía un ejército inglés capaz de im­pedir la invasión. Asimismo, la revista británica "The Tank" reveló en noviembre de 1945 que cuando Francia se desplomó, "él general in­glés Mac Naugton tenía bajo su mando las únicas fuerzas orga­nizadas y completas: la primera división canadiense, una parte de la segunda división canadiense y varias unidades británicas, un total de 50,000 hombres".

Aún más, el mismo Churchill admite en sus Memorias: "Después de la caída de Francia, Inglaterra sólo tenía unas cuantas divisio­nes mal equipadas con menos de 100 tanques y 200 cañones de campaña. Alemania no llegó a construir embarcaciones para la invasión".

El 16 de julio (1940) Hitler ordenó preparar ia Operación "Seelowe" (León Marino) para efectuar un desembarque en Inglaterra con 39 divisiones y evitar "que el territorio inglés sirva como base para la continuación de la guerra", pero al mes siguiente canceló tales pre­parativos, aun antes de que se hubieran iniciado formalmente. El Es­tado Mayor había proyectado a grandes rasgos que la operaciónla realizaran los ejércitos 16o. y 9o., partiendo de Calais y El Havre, respectivamente, primero con una oleada de 10 divisiones y luego con otra de 21.

El profesor Hinsley, británico, coincide' en que la invasión de Ingla­terra no fue seriamente planeada porque Hitler ya pensaba entonces en atacar a la URSS, según se desprende del examen de los archivos alemanes.

Estrategas tan acreditados como Von Rundstedt juzgaban muy di­fícil la invasión, debido a la falta de una marina poderosa, en tanto que otros, como el mariscal Kesselring, todavía hoy afirman que hu­biera sido factible. Como ex mariscal de la Luftwaffe, Kesselring ase­gura que en agosto y septiembre la aviación británica tenía muy precario dominio sobre el Canal Inglés y que entonces, era realizable la invasión. El almirante Raeder, como jefe de la Marina, juzgaba que no era tan completo el dominio del aire y que la invasión sería punto menos que imposible. El Estado Mayor General no creía en la empresa, aunque luego empezó a dudar.

Pero todos coinciden en que Hitler no llegó, a iniciar preparativos formales para esa operación. Sus ojos estaban fijos en la URSS, tanto que en agosto llegó a considerar la posibilidad de iniciar el ataque antibolchevique ese mismo año, pero esto no era posible porque el solo traslado de sus tropas, desde Francia a Polonia, requería por lo menos tres semanas y luego se necesitaba acumular pertrechos, de tal manera que la ofensiva vendría iniciándose ya en vísperas del invierno.

Sin embargo, cegado por el odio contra Hitler, Churchill seguía empujando a Inglaterra a una contienda en la que el único beneficia­rio era el imperio marxista de la URSS, el cual sí alentaba una mortal enemistad contra el pueblo inglés. Entre Inglaterra y la URSS no exis­tían más nexos espirituales o materiales que los establecidos por los israelitas, y fueron éstos los que decidieron la política exterior britá­nica valiéndose del odio que cegaba a Churchill.

Al descorrer el engaño que durante la guerra tendió la propaganda, Liddéll Hart precisa en "La Defensa de Europa": "Todo lo que Hitler se proponía era asestar a Francia un golpe contundente que la obligara a pedir la paz y ocupar entonces la costa del Canal para obligar a Inglaterra a hacer lo mismo. El nunca pensó conquistar a Inglaterra...

Es interesante ver cuánto estaba él dispuesto a ceder para una reconciliación, aun cuando más engreído se ha­llaba de su triunfo y los ingleses estaban casi indefensos". Pero tales esfuerzos de reconciliación se estrellaban en el odio de Churchill. El escritor norteamericano Sherwood dice que a Roosevelt le impresionó entonces "cuan pertinaz sabía ser Winston Churchill". Los admiradores de Churchill lo llamaban tenaz e indomable, y sus detractores, "obstinado, terco como una muía y con cabeza de palo". Para afianzar a Churchill en el poder y dar cierta consistencia a sus arrestos bélicos Roosevelt ideó el ingenioso procedimiento de or­denar que el ejército devolviera parte de su equipo a la industria norteamericana, con objeto de que ésta (controlada por judíos) en­viara ese equipo a Churchill. Así logró burlar a la opinión pública nor­teamericana que seguía resistiéndose a que su país se inmiscuyera en la guerra europea.

Al principiar 1940 Roosevelt había subido el tono de sus ataques contra Alemania y lentamente iba enredando a su país en la con­tienda, temeroso —como lo revela Sherwood— de que en Europa "se llegara a una paz negociada" que permitiera a Hitler lanzar todas sus fuerzas contra la URSS. El 3 de enero Roosevelt dijo ante el Congreso que "el mundo futuro sería lugar mísero y peligroso donde vivir" si venciera Alemania y pintó un tétrico cuadro para "nuestros hijos en un mundo donde se prohibiera adorar a Dios y en el que el comercio libre sería imposible".

Era una falacia inconmensurable que Roosevelt, masón 33, "Gran Cedro" de la Logia 81 "Los Grandes Cedros de Líbano", de Warwick, Nueva York, quisiera dar un cariz religioso a la guerra contra Alemania —donde el Estado nazi ayudaba con 700 millones de mar­cos anuales a las dos principales iglesias— y en cambio guardara silencio de cómplice ante la persecución religiosa de los bolcheviques. En Rusia la religión era tratada como "el opio del pueblo"; a los niños se les había agrupado en la Asociación de los sin Dios y en las escuelas se cantaba el "himno" de que "la cruz y los iconos, todas estas anti­guallas, las hemos arrojado a la basura... y la estrella de Belén ya se ha extinguido, mas entre nosotros brilla eterna la estrella de cinco puntas", o sea la estrella judía impuesta a Rusia.

Con falsedades acerca de lo que era el nacionalsocialismo, y con silencio criminal de lo que era el bolchevismo, Roosevelt fue creando la psicosis necesaria para acudir en auxilio del Imperio marxista de Moscú. Así cimentó entonces el famoso plan de Préstamos y Arren­damientos y solicitó al Congreso 1,800 millones de dólares para ar­mas. En mayo pidió 1,000 millones más. Y al ocurrir el desplome de Francia en julio y perfilarse que el Ejército Alemán iba a reconcen­trarse para su ataque a la URSS, exigió otros 5,000 millones. En agosto logró una parcial movilización de reclutas.

A rastras, en contra de su voluntad, el pueblo norteamericano es­taba también siendo empujado a la contienda germano soviética. La oposición era grande, pero casi carecía de medios de expresión pú­blica. Lindbergh no cesaba de refutar a Roosevelt: "Hoy nos hallamos en peligro de guerra —decía—, no porque los europeos intenten mez­clarse en nuestros asuntos íntimos sino porque los americanos intentan mezclarse en los asuntos íntimos de Europa".

Los aislacionistas —según lo reconoce Sherwood en "Roosevelt y Hopkins"— decían claramente que "el país se enfrenta a una maquina­ción de judíos para hacernos entrar en la guerra", pero esas denuncias se apagaban ante la gigantesca propaganda que había monopolizado el cable internacional, los estudios de cine y las principales radiodifusoras. (En el cine, la Metro Godwyn Mayer es obra de los israelitas Marcus Loew y Samuel Goldwyn; la Fox Film, del judío William Fuchs; la Warner Bross, de los hermanos Warner; la Universal Film, del también judío Julio Baruch. En cadenas radiodifusoras, las prominentes 'Radio Corporation of American y Columbia Broadcasting System están controladas por los israelitas David Sarnoff y William Paley.

Tres de las cuatro grandes redes de televisión también las manejan ellos, enca­bezados por Irving Kahn. En la prensa son famosos Adolph Oachs,' dueño del "New York Times"; Joseph Pulitzer, def "New York World", y los que controlan la información internacional. En las organizaciones obreras, Ben Gold, Sidney Hilman, John L. Lewis, David Dubinsky y casi todos los dirigentes sindicales. Además de otros muchos personajes ofi­ciales y privados, por lo menos 64 diferentes órdenes masónicas, con cientos de logias cada una, hacían presión sobre política, banca, comer­cio, industria, centros culturales, etc. Una de las más famosas e in­fluyentes de esas órdenes es la B'nai B'rith, integrada por judíos promi-' nentes. Y toda esta gigantesca maquinaria trabajaba coordinadamente para empujar hacia la guerra al renuente pueblo norteamericano).

Precisamente en esos días un empleado de la Embajada americana en Londres, Tyler Kent, comunicó a varios amigos suyos que había visto documentos según los cuales Roosevelt estaba comprometiendo secre­tamente a los Estados Unidos en la guerra, en connivencia con eminentes israelitas. Kent creía que estos manejos debían ser sacados a la luz pública, pero no tardó en ser detenido como "espía" y sentenciado en Inglaterra a siete años de cárcel, pese a que como norteamericano y miembro de la Embajada debía haber sido juzgado en su país.

lan Ross MacFarlane, analista de noticias de la Estación WITH, de Baltimore, fue a Inglaterra y habló con John Bryan Owen (hijo del antiguo cónsul americano en Dinamarca), quien conocí detalladamente el "caso Kent". Owen se trasladó a Estados Unidos a declarar, pero al siguiente día de haber llegado a Greenwich Village se le encontró muerto por envenenamiento de barbitúricos. Gerard L. K. Smith y la se­ñora Keot, madre del acusado, afirmaron enfáticamente que había una trama siniestra para ocultar el hecho de que Roosevelt estaba llevan­do al país a la guerra, sin el consentimiento del Congreso ni del pueblo. En diciembre de ese mismo año de 1940 Roosevelt redobló sus es­fuerzos ante el Congreso para aumentar la manufactura de armas y . poder enviarlas directamente a quienes combatieran contra Alema­nia. Estaba violando así la neutralidad del país y contrariando la vo­luntad del pueblo, pero es que en realidad no le importaban los inte­reses del pueblo, sino los intereses del "poder secreto del mundo", cuyos represenfántes lo rodeaban incesantemente:

Morgenthau como secretario del Tesoro; Bernard Baruch como profeta de la política in­ternacional; Samuel Untermeyer como Presidente de la Federación Mundial Económica; Sam Rosenman, y otros más, todos ellos judíos. A tales personajes les urgía apuntalar el frente occidental contra Alemania, pues si desaparecía antes de que se iniciara el choque en­tre Berlín y Moscú, sería luego imposible alinear al Occidente en el bando del marxismo israelita y éste sería aniquilado. Polonia, Noruega, Holanda, Bélgica y Francia habían desaparecido ya como rompeolas del ejército alemán que se disponía a marchar contra la URSS. Ingla­terra había sido desarmada y económicamente destrozada, pero no ocupada, y Roosevelt se encargó de mantenerla semierguida, san­grante y exhausta, con tal de que no desapareciera el frente occiden­tal. Así quedaba la puerta abierta para que otros pueblos occidentales —incluso el norteamericano— fueran arrojados a una contienda que sólo reforzaría al marxismo y al Poder Judío. De acuerdo con esa tác­tica "en junio de 1940 Roosevelt vendió a Inglaterra armamentos «ame­ricanos que inicialmente costaron 300 millones" de dólares, en 43millones (testimonio del almirante Harold R. Stark, el 3 de enero de 1946). Dicho armamento consistía en 895 piezas de artillería, 1.115,000 fusiles, 85,000 ametralladoras, aviones y municiones...

Y el 8 de octubre de 1941, a pesar de que seguíamos siendo neu­trales, el Presidente mandó que unidades de nuestra flota del Atlántico protegieran a los convoyes aliados en dicho mar, des­truyendo todas las fuerzas navales y aéreas, alemanas o italianas, que encontraran en su camino". (I)

Después de Dunkerque, el Imperio Británico no sólo estaba des­armado, sino también económicamente vencido y superado por la economía nacionalsocialista. Churchill revela en sus Memorias la decisiva ayuda que entonces recibió de uno de los jefes del judaísmo:

"En Mr. Morgenthau —dice—, secretario del Tesoro Americano, la causa aliada tenía un campeón infatigable. Hasta noviembre de 1940 habíamos estado pagando todo cuanto se nos suministraba. Ya habíamos vendido 335 millones de dólares de acciones ame­ricanas; además, habíamos pagado en efectivo más de 4,500 mi­llones de dólares y habíamos llegado al punto en que sólo con­tábamos con 2,000 millones de dólares, cantidad representada en su mayor parte por inversiones, muchas de las cuales no eran susceptibles de una realización rápida". (Entonces Inglaterra co­menzó a recibir armas y municiones sin necesidad de pagarlas).

"No teníamos —agrega Churchill— cañones antitanques que valieran la pena y ni siquiera contábamos con artillería ordinaria de campaña... Hice una visita a nuestras playas en St. Margaret's Bau, cerca de Dover; el brigadier que tenía ahí el mando me dijo que su brigada sólo contaba con tres cañones antitanques y úni­camente con seis cargas para cada cañón, a fin de proteger una costa de 4 ó 5 millas... De hecho el número de nuestros cañones de campaña de cualquiera clase que fuesen, no llegaban a qui- nientos, y nuestros tanques medianos y pesados difícilmente lle­gaban a doscientos en todo el país"'.

Fue una intencionada patraña de la propaganda decir que el mayor error de Hitler fue no haber empeñado sus fuerzas en invadir Inglaterra en 1940. Esto equivale a decir que su error consistió en haber sido acé­rrimo enemigo del bolchevismo y no del mundo occidental. En primer lugar, Hitler nunca pensó en destruir el Imperio Británico. En segundo, parecía más aventurado empeñar el Ejército Alemán en una campaña ultramarina, dejando a retaguardia todo el intacto poderío de la URSS, que lanzar a ese ejército contra Moscú y dejar a retaguardia las mal­trechas fuerzas británicas aisladas por el Canal de la Mancha.

Posteriormente Soering reveló en los procesos de Nuremburg (I) que en 1940 "el Estado Mayor General alemán tenía informes de que Rusia atacaría a Alemania por la espalda tan pronto como Alemania inva­diese Inglaterra o comenzase a pelear contra ingleses y norteamerica­nos en el continente europeo". Agregó que Hitler le dijo: "Si Inglaterra sigue presentándonos combate a pesar de encontrarse sola, es porque debe tener escondido un.as en la manga".

Y ese "as" era el secreto contubernio entre los estadistas de Oc­cidente y el marxismo israelita.

(1) La Amenaza Mundial.—William C. Bullit, Diplomático americano.

TERRORISMO EN VEZ DE
SOLO LUCHA ENTRE SOLDADOS

Uno de los hechos más ex­traordinarios de la guerra fue que los gobernantes británi­cos adoptaron los bombardeos de terror contra la población civil ale­mana. Esto se hizo no obstante que Hitler había circunscrito su avia­ción únicamente a "bombardeos tácticos", o sea contra metas mili­tares, en cuya categoría se hallan incluidas las ciudades fortificadas que se convierten en frente de combátelo las zonas industriales.

El 11 de mayo de 1940, al día siguiente de que se había desenca­denado la ofensiva alemana sobre Bélgica, Holanda y Francia, la Real Fuerza Aérea británica recibió por primera vez la orden de volar a gran altura a través del frente de combate y de ir a descargar sus bombas sobre las ciudades alemanas. El ex Secretario del Ministerio Británico del Aire, Mr. J. M. Spaight, consigna este hecho (2) con las siguientes palabras: "Comenzamos a bombardear las ciudades alemanas antes de que el enemigo procediera de igual forma contra las nuestras. Este es un hecho histórico que> debe ser ad­mitido públicamente. Pero como teníamos dudas respecto al efecto psicológico de la desviación propagandística de que habíamos sido nosotros quienes habíamos empezado la ofensiva de

(1) Agencia Reuter, 15 de marzo de 1947.

(2) "Reivindicación de los Bombardeos"..—Por el ex Secretario del Mi­nisterio Británico del Aire, J. M. Spaight.

bombardeos estratégicos, nos abstuvimos de dar la publicidad que merecía a nuestra gran decisión del 11 de mayo de 1940.

Seguramente esto fue un error. Era una espléndida decisión". Mr. Fuller, crítico militar inglés dice: "Aun cuando Churchill, aun siendo comandante supremo de las fuerzas armadas británicas,no podía actuar como caudillo militar, superó esta dificultad di­rigiendo una guerra particular con las formaciones de bombardeo de la RAF, una especie de ejército privado suyo. El 11 de mayode 1940 ordenó bombardear la ciudad de Freiburg. Hitler, em­pero, no devolvió el golpe, pero no cabe la menor duda de que estos ataques contra Freiburg y otras ciudades alemanas lo im­pulsaron a pasar a su vez al ataque".

Y el escrifor inglés F. J. P. Véale dice que esa histórica noche, 18 grandes bombarderos ingleses "Whitley", en vez de atacar las con­centraciones alemanas en el frente, fueron lanzados hacia la retaguardiacivil del enemigo. "Era un acontecimiento —afirma— que hacía época, puesto que era la primera ruptura deliberada de la regla fun­damental de la guerra civilizada, de que sólo se deben llevar a cabo hostilidades contra las fuerzas combatientes enemigas...

Sin saberlo, los tripulantes de esos 18 bombarderos estaban dan­do la vuelta a una gran página de la historia. Su vuelo marcó el fin de una época que había durado dos siglos y medio". (I)

(1) El Crimen de Nuremberg.—F. J. P. Véale.

En efecto, durante los últimos 250 años los europeos habían huma­nizado la guerra bajo el principio de qué el objeto de las operaciones militares es destruir las fuerzas armadas del enemigo. Este principio fue abandonado por los aliados en la segunda guerra mundial, quienes adop­taron la tesis de que el objeto de las operaciones militares es destruir al enemigo mediante la aniquilación de sus fuerzas armadas o mediante otros medios más rápidos y fácilmente realizables. Así se priva de toda consideración humanitaria a la población civil, pues mediante la aviación es la parte más "fácilmente" destructible del enemigo.

La adopción del terrorismo aéreo por parte de Inglaterra, hecha el 11 de mayo de 1940 (precisamente 24 horas después de que Chur­chill había asumido todo el Poder), tuvo al parecer por objeto provo­car represalias alemanas y enardecer así los ánimos del pueblo bri­tánico, que seguía resistiéndose a la guerra.

Semanas más tarde, al ser derrotada Francia, y cuando Hitler hacía su nuevo llamado de paz a Inglaterra, Churchill ordenó intensificar los bombardeos "estratégicos" sobre la población civil alemana. No fueron devastadores, pero sí todo lo poderosos que podían ser en vista de las entonces

casi infranqueables defensas antiaéreas del Reich. En julio Hitler hizo una advertencia: "Hasta ahora —dijo— no se ha contestado debidamente a estas agresiones, pero esto no quiere decir que yayan a quedar sin respuesta".

El Vicemariscal del Aire Británico. Sir Thomas Elmhirst pudo años des­pués averiguar que "Hitler estaba furioso con la primera incursión de bombardeo nodurno de la RAF contra un suburbio de Berlín el 27 de agosto (1940) y ordenó a los bombarderos de la Luftwaffé tomar represalias contra Londres. El ataque empezó el 7 de sep-. tiembre" ("Las Fuerzas Aéreas Alemanas". Vicemariscal Elmhiret). Mr. Spaight, ex Secretario del Ministerio Británico del Aire, precisa que Hitler empezó a contestar los bombardeos contra ciudades tres meses después de que la Real Fuerza Aérea los había iniciado, y que estuvo dispuesto, en cualquier momento, a suspender esa clase de guerra. "Desde luego —dice— Hitler no quería que continuase el mu­tuo bombardeo". Una revelación muy semejante hace el mariscal bri­tánico del aire Sir Arthur Harris en su libro "Ofensiva de Bombardeos", en el que defiende la política inglesa de los bombardeos de terror y considera "anticuada" la doctrina de guerra alemana.

Fue así como se inició la llamada batalla aérea de.Inglaterra: una respuesta alemana a los bombardeos británicos de terror y un acoso sobre la industria bélica inglesa para impedirle que se recuperara, mas no fue jamás un intento formal de "blitzkrieg". Hablando de esos bombardeos alemanes el mismo Churchill confiesa que su efecto "en aquellos días fue objeto de grandes exageraciones", que principiaron el 7 de septiembre (casi cuatro meses después del primer ataque bri­tánico de terror) y que cada día la Luftwaffé utilizaba "un promedio de doscientos bombarderos". (I)

Para mayor precisión del bombardeo de metas militares, la Luft­waffé puso en juego el invento de enviar dos rayos eléctricos desde diversos puntos, de tal manera que se cruzaran precisamente arriba de la meta elegida. El avión seguía la señal de uno de esos rayos, como si se tratara'de un camino aéreo, y descargaba las bombas al escuchar la señal de intersección. Los británicos se sorprendieron de la exactitud de esos ataques, efectuados incluso con niebla o en noches muy os­curas. Poco después descubrieron en un avión derribado un extraño aparato receptor, lograron ciertos informes de pilotos prisioneros y acabaron por descifrar el secreto. Es más, luego las mismas señales de los radiofaros alemanes servían a los británicos para saber con an­ticipación cuál era la meta que iba a ser atacada.

La guerra era una prueba constante para el ingenio de ambos bandos.

(1) Memorias.—Winston Churchill.

En agosto de ese año (1940), la aviación alemana tenía 2,669 avio­nes, o sea: 1,015 bombarderos, 346 aparatos de picada, 933 cazas y 375 aviones pesados de combate. Esta fuerza aérea/en aquel tiempo formidable, no fue lanzada en masa contra la población civil británica porque Hitler repudiaba el "bombardeo estratégico". Por otra parte, tampoco se empleó íntegramente en combate decisivo contra la avia­ción inglesa, entonces formada por 1,080 cazas y 400 aviones de otros tipos. Ciertamente la Luftwaffe podía a la postre dominar a la avia­ción de Churchill; tenía la calidad y el poderío suficientes para hacer­lo, pero Hitler no quería la lucha con Inglaterra y en cambio necesitaba preservar sus fuerzas para la gran ofensiva contra la URSS.

Desde septiembre de 1939 hasta mayo de 1941 la Luftwaffe cam­bió cinco veces de táctica en la lucha contra Inglaterra. Al principio el objetivo eran únicamente los barcos, y después sucesivamente, los cazas británicos, los aeródromos, las fábricas de armamento y por último las instalaciones navales y militares de Londres. No había una táctica definida y llevada hasta lo último.

El general Galland, en aquel tiempo piloto de caza, dice que "la mirada de Hitler continuaba dirigida hacia el Este (Rusia) y la lucha contra Gran Bretaña no era para él más que un mal ineludible que tenía que afrontar, ¡sin saber exactamente en qué forma había de hacerlo!"

En esa época el odio de Churchill no titubeó en violar los más ru­dimentarios sentimientos humanitarios de la guerra y ordenó que sus aviones hicieran fuego contra los aparatos de la Cruz Roja alemana que prestaban auxilio a los pilotos caídos al mar. Churchill refiere este hecho en sus Memorias con las siguientes palabras: "Todas las ambulan­cias aéreas alemanas fueron derribadas u obligadas a descender por nuestros aviones de combate, de acuerdo con instrucciones que habían recibido la aprobación del Gabinete de Guerra".

Sin embargo, en el panorama que la monopolizada información internacional presentaba al mundo se repetía el estribillo hollywoodense: las fuerzas alemanas eran identificadas con el villano y las que lucha­ban contra ellas representaban invariablemente al héroe más noble y caballeroso. Muchos años antes Schopenhauer había escrito:

"El judío es el gran maestro de la mentira". Las exageraciones respecto a la lucha aérea en Inglaterra; las falsas historietas sobre heroísmo y mal­dad, y la alharaca sobre la "blitzkrieg" aérea como precursora de la invasión naval, fueron el material con que se nutrió la propaganda a fines de 1940 y principios de 1941 para alentar la guerra artificial de Occidente contra Alemania.

El escritor inglés F. J. P. Véale, al consignar que los bombardeos de terror fueron iniciados por Churchill, comenta: "Uno de los mayores triunfos de la moderna ingeniería emocional es que, a pesar de la claridad del caso, que no podía enmascararse ni torcerse mate­rialmente, el público británico, a través de todo el período de la guerra relámpago—1940-1941— siguió convencido de que la responsabilidad por los sufrimientos que estaba experimentando recaía sobre los jefes alemanes".

Mr. Spaight reconoce que "hay abundante evidencia de que Hitler se opuso tenazmente al terror... ¿Qué?, puede exclamar el lector atónito. ¿Que no lo empezó? ¿Y Varsovia y Rotterdam? ¿No empleó Hitler en esas ciudades las tácticas de Douhet?

La respuesta es que ni en Varsovia ni en Rotterdam el bombardeo empleado fue estratégico; en otras palabras, no fue el tipo de bom­bardeo que Douhet imaginó. Fue un tipo táctico, usado para forzar la rendición de la guarnición que ocupaba la ciudad. La captura de una plaza defendida no figura en el bombardeo estra­tégico. Lo de Varsovia y Rotterdam fue semejante a los ataques de artillería sobre ciudades situadas en la línea del frente". (I)

En otras palabras, el bombardeo táctico consiste en atacar ciudades fortificadas sobre la línea de combate, o metas militares a retaguardía, y fue éste el bombardeo que practicó la Luftwaffe. En cambio, es muy distinto el bombardeo "estratégico", porque se'dirige específicamente contra grandes masas de población civil para crear el caos y desmoralización en el pueblo. Y fue éste el sistema que Churchill em­pezó a practicar el 1° de mayo de 1940 y que juego fue reforzado entusiastamente por Roosevelt y Stalin.

Tal revelación constituye un valiosísimo hecho histórico que la pro­paganda ha oscurecido.

FRANCIA TAMBIÉN REHUSA
LA RECONCILIACIÓN


Lo que Hitler tantas veces había dicho a Francia antes de que és­ta le declarara la guerra, o sea que no existían motivos de contienda entre alemanes y franceses, lo ratificó con hechos a la hora del armisticio y' no le hizo demandas territoriales. Ni siquiera le pidió la Flota, que podía considerarse como botín de guerra. Y es que la Flota sólo hubiera sido útil para combatir contra Occidente, que era en lo que Hitler se rehusaba a pensar se­riamente, mas no para la guerra contra la URSS, que era el motivo de su lucha.

(1) El Fantasma de Douhet. J. M. Spaight, ex Secretario del Ministe­rio Británico del Aire, "Royal Air Forcé Quarterly", abril de 1950.

En la conferencia de Estado Mayor del 8 de enero de 1941, Hitler or­denó: "Los ataques contra Gran Bretaña deben concentrarse sobre los abas­tecimientos y la industria de armamentos", según constancia documental ci­tada por el propio M. Spaight en "Air Power", 1954.

Por eso fue que Hitler trató de ganarse amistosamente a Francia cuando la tenía a su merced después de derrotarla. Ismael Herráiz, testigo de aquellos días, escribe en Europa a Oscuras: "Era el propio vencedor quien trataba de apresurar la sonrisa sobre el rostro de la 'Grande Mondaine'.

Tenía miedo de su propia fuerza, y como el gigante, se estremecía con el temor de aplastar a Gulliver entre sus dedos. Toda aquella portentosa musculatura po­lítica y militar del Reich se aflojaba tímidamente frente al regalo prodigioso que la guerra había traído hasta sus manos. En la Cancillería de Berlín se dibujaba el bizarro sueño de la colabo­ración. .. El alemán andaba sobre puntillas en la tierra de su reciente victoria. Yo vi que un dueño de restaurante se negó a servir a dos soldados alemanes, que tras de una ligera insistencia optaron por retirarse. Creo que nunca ha existido una victoria con menos alharaca.

La masa militar del Reich hacía muy poca ostentación de su fuerza, entonces colosal... Vivía la guerra sin desviarse un milímetro de la consigna de cada día. En el cami­no y en el vivac la conducta del soldado alemán era intachable". Si Hitler no pedía la flota francesa, en cambio Roosevelt amena­zaba a Francia con que "perdería la simpatía de Estados Unidos" si llegaba a entregarla. Y Churchill le decía al general Eisenhower: (I) "Si pudiera encontrarme con Darían, con todo lo que le aborrez­co, con gusto me arrastraría sobre mis rodillas y mis manos una milla entera si haciéndolo así lograra que atrajera esa flota suya al círculo de las fuerzas aliadas". Tal era la actitud de Churchill—incongruente con su cargo de almirante de la Reina de los Mares— ante la remotísima posibilidad de que la pequeña flota alemana se viera acrecentada por la flota francesa.

Precisamente ese temor llevó a Churchill a realizar su máxima hazaña guerrera cuando ordenó que las naves francesas ancladas en Mers-el-Kevir fueran cañoneadas por sorpresa. Hubo mil bajas entre los mari­nos franceses, quienes nunca se imaginaron que las naves británicas que se aproximaban fueran a atacarlos a mansalva. Esa acción de Churchill fue una mancha que ciertamente no merecía la Real Marina Británica.

El pueblo francés seguía teniendo más motivos de ofensa de sus antiguos aliados que de sus vencedores. Hitler hizo viaje especial para entrevistarse con Petain y buscar la reconciliación. No era una guerra totalitaria; por lo menos1 no lo era de parte de Alemania hacia el Occidente. Francia conservaba sus instituciones y Hitler iba a par­lamentar con ella. Londres reconoció el 25 de octubre de 1940 que "más parece que Hitler trata de ganarse a Francia para la paz que para la guerra".

(1) Cruzada en Europa.—Gral. Dwight David Eisenhower.

"Entretanto —revela Cordell Hull (I)—, la política de Estados Uni­dos respecto a Francia era impedir una alianza amistosa con Alemania". Y Londres anunció el 22 de diciembre de 1940. "La misión del embajador norteamericano ante Vichy, almirante Leahy, consiste en reforzar el'espíritu antigermano de Francia". El resultado de este forcejeo fue que también el nuevo gobierno re­chazó la amistad que Alemania le ofrecía, si bien no lo hizo abiertamen­te.

Mientras Petain fingía por,- un lado que deseaba la reconciliación germanofrancesa y accedía a suprimir la masonería, por otro seguía manteniendo vínculos secretos con Churchill y Roosevelt. Louis Rougier refiere ("Misión Secreta en Londres") que Petain y Churchill estaban de acuerdo en muchas cosas en cuanto a la política a áeguir en Francia.

{1) Paz y Guerra.—Departamento de Estado, Washington.
(2) Habla Petain desde la Isla D'Yeu.-Octubre 31 de 1949.

Posteriormente el mismo Petain reveló (2) - que cuando Alemania solicitaba mano de obra, él fingía acceder, pero luego silenciosamente impedía que la solicitud fuera atendida.
"Mantuve así —dice— el potencial económico de Francia... En 16,000 empresas rio hubo reclutamiento ni de un solo obrero... Mi política en Noráfrica al desembarcar los aliados fue:

1o.—Dar a los alemanes una apa­riencia de resistencia: al desembarque...
2o.—No hacer nada que pudiese, de una manera eficaz, obstruir a los aliados... En efecto, es cierto que mandé negociar un tratado, que debía mantenerse secreto,, con el Sr. Wiston Churchill".

Así se frustro, secretamente; el más grande intento qué hizo Hitler para lograr la reconciliación francesa y alemana, y fue el más grande y el más auténtico porque se realizó cuando Francia estaba caída ya merced del gigantesco poderío de cien divisiones alemanas que po­dían haber destruido todas las fibras de la soberanía de Francia.

En su libro "Odio Incondicional" el historiador inglés Russell Grenfell afirma: "Los alemanes comenzaron exteriorizando su deseo de ser conquistadores irreprochables. Los periódicos ingleses de 1940 informaron respectó a la excelencia de sus modales en Fran­cia, , levantándose jos soldados alemanes en tranvías y autobuses para ofrecer sus asientos a las mujeres, etc.. Pero Mr. Churchill saboteó con éxito esta conducta alentando y armando los movi­mientos de resistencia europeos, en gran parte constituidos por emboscados comunistas.

Los persas habían dicho muchos siglos antes: "O estrellamos la ca­beza de nuestros enemigos contra una piedra o serán ellos los que colgarán nuestros cuerpos en los muros de la ciudad". Y Gengis Khan había agregado: "Cuando es necesaria la severidad, la blandura está fuera de lugar. Con ella no transformarás al enemigo en amigo, sino que reforzarás más aún sus exigencias... Aniquilad siem­pre a vuestros enemigos".

Pero Hitler nunca consideró que Ingla­terra y Francia fueran sus enemigas, y ambas iban a levantarse nueva­mente (movidas por el Poder Judío) para atacar a Alemania cuando su situación fuera más comprometida en su batalla contra la URSS. Desde el punto de vista estrictamente militar era un error que Hitler _ no apretara la mano sobre Francia para obtener ventajas estratégicas respecto a la guerra con la Gran Bretaña. El mariscal Kesselring recuer­da al respecto el proverbio de que "después de la victoria, cíñete más fuerte el casco", y dice que Hitler ignoró esa ley. El general Gurderian opinaba que tras la rendición de Francia debían invadirse sus colonias en África, con o sin su consentimiento, para batir al imperio colonial inglés y forzarlo a hacer la paz. Pero desde el punto de vista político (de una política orientada contra la URSS y no contra Oc­cidente) era lógico que Hitler buscara la amistad de Francia e hiciera todo lo posible para no agraviarla.

Es curioso observar cómo había más enemistad de parte de Italia hacía Francia, que de Alemania hacia Francia. Cuando el 10 de junio el ejército francés estaba ya completamente derrotado por el ejército alemán. Mussolini declaró [a guerra sólo para tener derecho al botín El mariscal Badoglio alegó que el ejército italiano no estaba preparado y Mussolini le repuso:

"Le aseguro que en septiembre todo estará terminado y sólo necesitaré algunos millares de muertos para sentarme a la mesa de la paz como beligerante". (I)

Cuando días más tarde ocurrió la rendición francesa, Hitler pro­curaba suavizar las condiciones del armisticio e Italia quería hacerlo más drástico. Galeazo Ciano, Ministro de Relaciones Exteriores italiano, escribió en su "Diario Secreto":

"Junio 17, 1940.—Disgusto de Mussolini por la rápida llegada de la paz, que trastorna sus planes. Quisiera la ocupación total del territorio francés y exige la rendición de la flota. Alemania pre­fiere benignidad hacia Francia. Ribbentrop insiste en que las condi­ciones deben ser benignas. Hitler considera al Imperio Británico, aun en los actuales momentos, factor mundial de equilibrio".

El propio Ciano anotó el 20 de junio: "Hitler habla con una mode­ración y una perspicacia que después de una victoria como la suya, en realidad sorprenden. No soy sospechoso de excesiva simpatía por él, pero hoy le admiro de verdad'!. Y el 20 de no­viembre (1940) agregaba: "Hitler tiene uno de sus característicos accesos de emoción... tenía los ojos empañados. Qué hombre tan extraño".

Testimonios de las más variadas fuentes y hechos reiterados a cada paso de la guerra demuestran hasta qué grado era profunda la de­terminación de Hitler de ganarse la amistad de Occidente y circuns­cribir la lucha entre Alemania y el marxismo israelita.

En su obra "Rommel" el general británico Desmond Young alude a ese esfuerzo alemán por ganarse la amistad de Francia: "No había un gran resentimiento —dice— contra el ejército alemán. Por el contrario, se le observaba con contrariada admiración. Aún hoy los ex miembros del movimiento de resistencia reservan su odio para la Gestapo y los SS. Respecto a los miembros del ejér­cito alemán, 'nadie puede decir que no fueran correctos y con la gente, se oye aún frecuentemente en la región de Francia don-, de estoy escribiendo. Su conducta es, en verdad, favorablemente comparada con la de los libertadores norteamericanos... ¿Porqué Hitler no fue hasta el corazón del Imperio Francés?... Si Inglaterra eco terca, él esperaba atraer a Francia... Además, ya pensaba en Rusia..."

(1) Italia en la II Guerra Mundial.—Mariscal Badoglio, italiano.

COMPLICIDAD DE OCCIDENTE CON
LA EXPANSIÓN DEL MARXISMO


En el invierno de 1939, a 1940, cuando. Alemanía afrontaba la di­fícil situación creada en el. Oeste debido a la declaración desquerráde Inglaterra y Francia, la URSS atacó a Finlandia para obligarla a que le cediera bases militares,

Entre los americanos hubo indignación por ese ataqué comunista yse pidió que E. U. ayudara con armas y créditos a los finlandeses, pero Roosevelt dio largas al asunto. Finlandia luchó heroicamente y al fin capituló sin haber recibido ni un dólar ni un fusil, de Churchill p de Roosevelt, que se decían enemigos de la agresión.: El falso barniz de ideales que la propaganda judía había dado a la contienda no resistía ninguna prueba; meses antes presentó como inconcebible que la superioridad de fuerzas de 80 millones de alemanes entrara en con­flicto con 40 millones de polacos.

¿No era más indignante la despro­porción de 200 millones de soviéticos contra tres y medio millones de finlandeses?

Una vez más quedaba claro que en la lucha contra Alemania no se estaba defendiendo a los países débiles. Cuando el Ejército Rojo sojuzgó a Georgia, Azerbaiján, Armenia, Kaskastán, Uzbekistán, Turk­menia, Tadjikia y Kirghisia, los estadistas occidentales guardaron si­lencio. Cuando más tarde el Ejército Rojo atacó a Polonia por la es­palda, y ocupó la mitad del país, Churchill y Roosevelt no le hicieron la menor recriminación. Y lo mismo ocurrió, por último, durante elataque soviético contra Finlandia.

Meses más tarde, el 16 de ¡unió de 1940, la mayor parte del ejér­cito alemán se hallaba empeñado en la campaña de Francia. La URSS aprovechó entonces la ocasión para invadir otros tres pequeños paí­ses: Estonia, Letonia y Lituania. ¿Dónde estaban, otra vez, los que decían combatir por el derecho y la libertad de los débiles? Acerca de esas invasiones, Churchill escribe en sus memorias: "Ru­sia avanzó sobre los inermes estados de Estonia, Letonia y Li­tuania. Una feroz liquidación de todos los elementos anticomu­nistas y antirrusos fue llevada a cabo empleándose los métodos acostumbrados.

Gran número de personas que durante veinte años habían vivido disfrutando libremente de su tierra natal, y que habían representado la mayoría dominante de su pueblo desapare­ció para siempre.... El 19 de junio llegó Zhadanov a Tallin para ins­talar un régimen similar al de los otros Estados. El 5 y 6 de agosto se barrió hasta con la ficción de los gobiernos llamados democrá­ticos y amigos de los soviéticos, y el Kremlin declaró que los Es­tados del Báltico quedaban anexados a la Unión Soviética". Esa feroz liquidación del anticomunismo en Estonia, Letonia y Li­tuania, "según los métodos acostumbrados" —como dice Churchill— recibe en la URSS el nombre de "ingeniería social".'

El periodista norteamericano William L. White dice sobre el particular: (I) "Los comunistas reconocen que en las regiones recientemente ocu­padas, muchos individuos no se pueden adaptar al sistema so­viético; tales provincias constituyen un problema de "ingeniería social". Tardan en adaptarse los que han obtenido cierto éxito bajo el régimen anterior. La lista negra incluye gobernadores, miembros del Parlamento, empleados municipales, policías, gran­des propietarios, etc. Los soviéticos infieren que el hecho de que esta gente haya servido al régimen anterior la hace innecesaria para el nuevo. En consecuencia, los arresta y deporta a campos de trabajo".

El general republicano español Valentín González (2) añade: "A los depurados de Estonia se les despojó de todo y se les envió a las regiones polares y a Siberia; a los de Lituania, a Arcángel, donde el frío llega a veces a 60° y 70° bajo cero. El tratamiento peor fue infligido a los rusos blancos... Así fueron trasladados de un extremo a otro de la inmensa Rusia muchos millones de seres humanos".

(1) Mi Informe Sobre los Rusos.—William L. White.

(2) La Vida y la Muerte en la URSS.—Valentín González.

En vez de hacer la más ligera reprobación por la crueldad con que cuatro países débiles acababan de ser atacadas por la URSS y tres de ellos aniquilados, Churchill le dirigió el 25 de junio de 1940 una carta personal a Stalin para estrechar más sus "relaciones confidenciales", según dice en sus Memorias.

Al día siguiente Stalin movilizó tropas hacia la frontera de otra pe­queña nación vecina, Rumania, y le envió un ultimátum exigiéndole la entrega de la provincia rumana de Besarabia y parte de Bucovina. Los rumanos no tuvieron más remedio que ceder y replegarse a la parte del territorio que les restaba.

Todo esto ocurrió mientras los alemanes luchaban en Francia, muy lejos de la frontera soviética. Pero en cuanto los franceses capitularon, el ejército alemán viró hacia el Oriente, acudió a reforzar a Rumania para que los soviéticos no penetraran más y comenzó a preparar las bases desde las cuales atacaría al Ejército Rojo. Entre tanto, la pro­paganda judía seguía hablando de la invasión alemana de Inglaterra, y tal embuste no tenía más objeto que azuzar a los pueblos occiden­tales —haciéndoles creer que se hallaban en peligro— para que no aceptaran la amistad que Hitler les ofrecía y permitieran así que todos los efectivos alemanes se lanzaran contra la URSS.

Por este tiempo Churchill planeó su acción "Catalina" para forzar el paso de la flota por el Báltico y "extender a Rusia la mano en forma que probablemente ejercería un efecto decisivo", según dijo. Y a pro­pósito del último atropello bolchevique contra Rumania, escribió Roosevelt: "Es posible que Rusia prive a Rumania de Besarabia, pero esto no tiene que estar necesariamente, en conflicto con nuestros in­tereses principales, que consisten en contener el movimiento ale­mán hacia el oriente", o sea hacia Rusia (Memorias de Churchill). Para entonces (verano de 1940) el Kremlin ya había concentrado cerca de Alemania 153 divisiones (2.295,000 combatientes), o sea 88 divisiones más que las que tenía allí antes de la ofensiva alemana en Francia. Después de ese significativo movimiento, el Ministro Molotov se trasladó a Berlín el 12 de noviembre (1940) y pidió manos li­bres para reanudar el ataque contra Finlandia, para incorporar a Bul­garia a su zona de influencia y para exigirle a Turquía bases en los Dardanelos. Hitler contestó negativamente las tres peticiones, Molotov regresó desairado a Moscú y en Berlín se activó el trazado del Plan Barbarroja para la invasión de la URSS.

Desde ese momento ya no cabía**duda sobre el inminente choque germano-soviético. La actitud de Hitler, que en tan decisiva ocasión actuó conforme a los intereses de roda Europa, contrastaba por cier­to con la diplomacia de Churchill y Roosevelt, que precisamente en esos días daban al Kremlin manos libres sobre Rumania y Bulgaria, sin prejuicio de gestionar asimismo (por otra parte) que estos países lu­charan contra Alemania.

CARNE DE CAÑON PARA FRENAR
EL GOLPE CONTRA LA URSS


Iniciado el traslado del ejército alemán, de Fran­cia a las bases de partida contra la URSS, los esfuerzos combinados de Stalin, Churchill, Roosevelt y su camarilla judía se concentraron en agitar a los países balcá­nicos para que atacaran a Alemania. Y no porque hubiera la más re­mota posibilidad militar de que triunfaran, sino simplemente para que sirviendo como carne de cañón frenaran y demoraran el inminente ata­que germano contra la URSS.

Ya no había entonces —fines de 1940— ninguna duda de que Hitler, como lo había dicho desde 1919, iba hacia el Oriente. E 3 de septiembre los planes de invasión de Rusia sé hallaban ya en su apogeo y fueron revelados a los principales comandantes del ejército. El Diario Secreto de Gano testifica, en su anotación del 4 de octubre, que en la entre­vista Hitler-Mussolini de ese día, en el Paso del Breñero, no se habló de ningún plan para invadir a Inglaterra; Hitler expresó sus esperanzas, de ganarse la amistad de Francia y se mostró ".enérgica y extremada­mente antibolchevique".

Ante los inequívocos síntomas de que el ejército alemán erigía bases en el Este para lanzarse contra el marxismo judío entronizado en Moscú, el Presidente Roosevelt, Churchill y Stalin reemprendieron desesperada búsqueda de más países que desangraran y retardaran el golpe de Hitler. Polonia, usada con ese fin en 1939, ya había sucum­bido. Francia, Holanda y Bélgica, utilizadas en 1940, estaban también fuera de combate. Las miradas de los tres estadistas se volvieron ha­cia los Balcanes.

Allí estaban Yugoslavia, Bulgaria y Grecia. Activamente comenza­ron a ser azuzadas y se les hicieron fabulosas promesas para que lu­charan contra Alemania. En el Medio Oriente, Turquía también fue cor­tejada con igual fin. La casa Real de Grecia estaba emparentada con la Casa Real de Inglaterra y fue fácil que cediera bases navales a la flota Británica. Un incidente ajeno a la voluntad, de Stalin, Churchill y Roosevelt vino luego a facilitar sus planes para encender la guerra en los Balcanes.

Resulta que ante la penetración soviética en la provincia rumana de Besarabia, Hitler ofreció a Rumania su apoyo para impedir que los rusos avanzaran más. Rumania pidió tropas y Hitler le envió 12 di­visiones, pero esto lo mantuvo en secreto hasta última hora y no se lo comunicó ni a Mussolini. (Cuando la guerra Con Polonia y cuando la invasión de Francia, Hitler ya había comprobado que en Roma no sabían guardar ningún secreto).

El Ducé se molestó porque no se le había informado previamente de los sucesos de Rumania y a su vez comenzó a preparar la invasión de Grecia —para anularla como base británica— sin consultar el caso con Hitler. Ciáno anotó en su Diario el 12 de octubre (1940) que Mussolini había dicho: "Hitler me presenta los hechos consumados. Tendrá noticia por los periódicos de que ha­bré ocupado Grecia. Creo que esta acción será útil y fácil".

Algo, sin embargo, se supo en Berlín, y el Secretario de Relaciones Von Ribbentrop se apresuró a comunicarle a Italia "que no .será bien vista acción ninguna contra Grecia". Simultáneamente Hitler prepa­raba otra entrevista con Mussolini para disuadirlo de ese ataque, pe­ro el Duce descargó repentinamente el golpe el 28 de octubre (1940). 27 divisiones italianas y una poderosa aviación fueron lanzadas desde Albania contra 16 divisiones griegas, pero fracasaron. No había en ellas espíritu de lucha.

Hitler recibió con gran contrariedad la noticia de que Italia había iniciado la invasión de Grecia. Eva Braun dice en su Diario que el Fuehrer comentó: "El Duce me contestó que todos éramos jugadores, en cierto modo, pero no es exacto. No soy un jugador; soy un orga­nizador. La guerra con Grecia era inútil y puede acarrear una nue­va orientación. Veremos ahora la fuerza de Gran -Bretaña y si los italianos saben pelear; luego, amo a los griegos y creo que cumpliré para Europa lo que Pericles realizó para la pequeña Grecia". Días más tarde, tras un ligero retroceso motivado por" la sorpresa, las tropas griegas se repusieron y rechazaron a los italianos hasta sus puntos de partida, y en ciertos sectores aún más atrás. Esta situación se mantuvo así todo el invierno de 1940-1941.

Como Hitler lo temía, la campaña italiana de Grecia tuvo dos gra­vísimas consecuencias: primera, al abrirse el frente ítalo griego se fa­cilitaron los planes de Churchill, Stalin y Roosevelt para provocar agi­tación en los Balcanes y empujar a Yugoslavia contra Alemania. Se­gundo, España se impresionó profundamente al ver que Italia era sólo una deslumbrante apariencia, y casi la víspera de aliarse al Eje resolvió volverse neutral.

La participación de España en la guerra era ya un hecho casi de­cidido; iba a ser una participación limitada en la que se permitiría a un Cuerpo de Ejército Alemán, al mando del mariscal .Von Reichenau (operación "Félix"),"pasar a través de la península para arrebatar a los británicos el Peñón de Gibraltar, cerrar el Mediterráneo y además conjurar así una invasión aliada de Europa por el Sur, como ocurrió tres años después. Franco había empezado ya a preparar a la opinión pública. El primero de junio de 1940 se hicieron manifestaciones estudiantiles en Madrid a fin de pedir que el Peñón fuera devuelto a Es­paña. El periodista Aznar, intérprete de Franco, escribió ese día: "Que­remos y enérgicamente demandamos, que Gibraltar sea devuelto porque es un jirón sagrado del suelo nacional".

El 4 de junio hubo manifestaciones juveniles similares en Barcelona, Salamanca, Valencia, Granada, Málaga y Cartagena. El 17 de julio Franco declaró ante el ejército que la "misión histórica de España, im­puesta por sus reyes católicos, fue la de poseer Gibraltar, extender el dominio español en África y el mantenimiento de unidad". Al día siguiente doscientos mil obreros desfilaron ante Franco gri­tando: "jGibraltar!"

El 31 de julio las propias autoridades británicas previnieron al pue­blo inglés que posiblemente en una semana más España se convertiría en aliada de Alemania. El 23 de agosto (1940), Galeazo Ciano anotó en su Diario Secreto: "El Caudillo Franco habla de la próxima entrada de España en la guerra y dice que ha pedido ya a los alemanes lo que necesita". El 23 de noviembre Churchill comunicó a Roosevelt que era inminente el paso de tropas alemanas por España para capturar Gibraltar.

Pero en vísperas de que tal cosa ocurriera, Franco vio que Italia fracasaba en Grecia, lo mismo que en Noráfríca, y comprendió que Alemania se hallaba sola en una inmensa contienda. Entonces decidió esperar más y dio media vuelta hacia la neutralidad. ' Ramón Serrano Suñer, en aquel entonces Ministro dé Relaciones Exteriores de España, hizo un viaje a Berchtesgaden para entrevistarse con Hitler. Su misión en ese momento era ya la de aplazar indefinidamente la entrada de España en la contienda. Respecto a esa en­trevista, dice(l) que Hitler comenzó: "Los italianos acaban ,de co­meter un gravísimo e imperdonable .error al empezar la guerra contra Grecia. Ni siquiera han tenido en cuenta el uso de la aviación, que es la mejor arma que ellos tienen". Luego pidió que España le permitiera atacar a Gibraltar.

Serrano Suñer refiere que rehuyó esa petición alegando las difi­cultades interiores de España y las grandes necesidades de abasteci­mientos, y que entonces el Fuehrer, con aire muy burgués y con ade­mán en cierto modo paternal, dijo: "Quiero hablarle como el mejor amigo de España que soy. No quiero insistir. No comparto en­teramente sus puntos de vista, pero me hago cargo de las difi­cultades de este momento". Tenía entonces la esperanza de que España se decidiría poco más tarde; llegó a creer en un plazo de un mes, pero Franco había ya percibido la incertidumbre del futuro: Italia fracasaba en Libia y en Grecia y se convertía en un lastre para Alemania, y Alemania

(1) España y la Guerra Mundial.—Ramón Serrano Suñer. Ministro de Relaciones Exteriores de España.

sola se enfrentaba a una gigantesca combinación de fuer­zas enemigas. España ya no iba a modificar su actitud de espectador neutral. Mussolini fue el causante de la pérdida de ese aliado, cuya apor­tación bélica pudo haber cambiado el curso de los acontecimientos. (I) El 20 de noviembre de 1940 Hitler le escribió a Mussolini haciéndolo ver los inconvenientes del ataque italiano a Grecia. "Hablando en términos generales —le decía— sentimos las consecuencias de un esfuerzo de la tendencia de no comprometerse prematu­ramente a nuestro favor", como era el caso de España. El 31 de diciembre volvía a escribirle a Mussolini: "España se ha negado a colaborar con las potencias del Eje... Lo siento, porque de nuestra parte habíamos completado todos los preparativos para cruzar la frontera española el 10 de enero y atacar a Gibraltar a principios de febrero. Esto, en mi opinión/nos hubiera dado, el triunfo en un tiempo relativamente corto. Las tropas destinadas a esta operación habían sido escogidas y adiestradas espe­cialmente. En el momento en que el Estrecho de Gibraltar hu­biese estado en nuestras manos, se hubiera acabado definitiva­mente el peligro de un cambio radical de actitud en África del Norte y África Occidental". (2)

Comentando ese episodio, Churchill dice: "La política del general Franco durante la guerra había sido de sangre fría y completa-.mente egoísta. La gratitud a Hitler y Mussolini no entraron para nada en su cerebro a pesar de la ayuda que les debía... España tenía la llave de todas Tas empresas navales británicas en el Medi­terráneo y ni en nuestras horas más sombrías .había usado esa llave en contra nuestra. Había otra forma sencillísima como el Gobierno de Franco podía habernos descargado este golpe de destrucción. Podía haber permitido que las tropas de Hitler cruzaran la Pe­nínsula y que sitiaran y capturaran Gibraltar para España..." Pero la alocada invasión italiana de Grecia ocasionó que España prescindiera de su alianza con Alemania. Y además también abrió las puertas de los Balcanes para que fuerzas británicas desembarcaran en Grecia y para que Yugoslavia se alineara en contra de Alemania.

En enero de 1941 el coronel Donavan llevó la representación de Roosevelt a Yugoslavia y alentó al Gobierno a que lanzara al país a la contienda. El 14 del mes siguiente Roosevelt se comunicó con el

(1) El Ejército español constaba de 22 divisiones, con 250,000 hom­bres, y aunque se hallaba deficientemente armado, las bases militares de España abrían incalculables posibilidades estratégicas sobre el Mediterráneo, el Atlántico y África.

(2) Correspondencia Confidencial entre Hitler y Mussolini

gobierno yugoslavo (I) para pedirle que no firmara el pacto de paz y amistad con Alemania. A sabiendas de que era imposible enviarle ayuda y de que si Yugoslavia combatía sería vencida, volvió a alen­tarla con irrealizables promesas.

El pueblo americano, sin embargo, no apoyaba esa intromisión de Roosevelt en la guerra europea y seguía siendo neutral. Para vencer esa resistencia, el. Secretario de Estado, Cordell Hull, dijo el 24 de abril: "Desgraciadamente muchas personas no se han dado cuenta de la naturaleza de la crisis mundial... Los acontecimientos han de­mostrado hasta la saciedad que la seguridad de este hemisferio y de la nación exige resistencia dondequiera que la resistencia > sea más efectiva".

Ya entonces Hull y Roosevelt sabían con absoluta certeza que Ale­mania hacía los últimos preparativos para atacar a la URSS y que Esta­dos Unidos y los intereses de todos los países occidentales se hallaban completamente al margen de las metas de Hitler. Pero esto lo ocultaron al pueblo norteamericano a fin de seguirlo empujando a la contienda. Por su parte, Churchill secundaba a Roosevelt. "Desde Londres —dice en sus Memorias— hice cuanto me fue posible para po­ner a Yugoslavia contra Alemania y el 22 de marzo telegrafié al doctor Cvetkovic... Contamos con la indiscutible supremacía de los Océanos, y con la ayuda americana pronto obtendremos una superioridad decisiva en el aire... la historia de la guerra rara vez ha presentado otra oportunidad mejor". , Era esa la macabra oportunidad de empujar a la muerte a millares de yugoslavos.

Sin embargo, el gobierno yugoslavo percibió la infamia de la ma­niobra y la rechazó. El 24 de marzo firmó el pacto de paz y amistad con Alemania. Nada perdía con eso, porque Hitler no le pedía nada, y ni siquiera existía conflicto alguno germano-yugoslavo.

"Entonces —dice Churchill— envié a /nuestro embajador en Yugoslavia, Mr. Campbell, un mensaje que decía: 'No de¡e usted que se forme una brecha entre su persona y el príncipe Pablo o los ministros. Continúe molestándolos y figurativamente hostigándo­los. Solicite audiencias, no acepte respuestas negativas. Aferróse a ellos, indicándoles que los alemanes ya están considerando co­mo supuesta la subyugación del país. No es este el momento de hacer reproches ni de formular despedidas con mucha dignidad". Es decir, la intriga proseguía...

Las organizaciones secretas se movieron desesperadamente. Jefes inteligentes de los 650,000 judíos que habitaban en los Balcanes movieron resortes de agitación pública; los partidos comunistas recibie­ron instrucciones del Kremlin y el 27 dé marzo ocurrió

(1) Paz y Guerra.—Departamento de Estado, Washington.

un cuartelazo. El Gabinete yugoslavo fue derrocado, se desconoció el tratado de paz con Alemania, hubo manifestaciones antigermanas y Yugoslavia fue puesta en pie de guerra casi a retaguardia de las fuerzas alemanas que se hallaban en vísperas de atacar a la URSS.

Churchill se presentó gozoso en el Parlamento a dar la "buena noticia". Si. no había triunfos militares, por lo menos el arma de la in­triga seguía siendo eficaz. En Moscú se recibió la noticia con vítores y la noche del 5 de abril Stalin ofreció a Yugoslavia una alianza. De ese modo Grecia y Yugoslavia se convirtieron en un nuevo frente de lucha contra Alemania. '

Stalín, Roosevelt y Churchill tenían grandes esperanzas en que ese frente montañoso, lleno de bosques, falto de caminos, atascara por mucho tiempo la máquina militar alemana. Para sostenerlo había 42 divisiones aliadas (23 yugoslavas, 15 griegas y 4 británicas) colocadas frente a 31 divisiones que Alemania había distraído de las bases desde las cuales preparaba el ataque a Rusia. El Estado Mayor General alemán batió un récord de improvisación en este caso y desde Prusia Oriental transfirió tropas que ya se encontraban dispuestas para la embestida contra la-URSS. Fue raro que una improvisación así resul­tara cronométricamente exacta.

Casi todo el equipo blindado que iba a participar en el extremo sur de la invasión de Rusia fue sacado., de sus bases y empleado en esta campaña de emergencia, y conse­cuentemente la fecha del ataque antisoviético tuvo que aplazarse. En su desesperada lucha contra el tiempo y los preparativos de Stalin, Hitler volvió a pedir a sus tropas un esfuerzo supremo para vencer rápidamente la crisis en los Balcanes, y la mañana del 6 de-abril (1941) dio la orden para que 20 divisiones se lanzaran contra el nuevo frente.

El Mariscal Wilhelm List dirigió al 12o. ejército en la principal em­bestida, que trepando por las accidentadas montañas de Serbia cortó a Yugoslavia por el sur. En cinco días su 2a. división blindada se abrió rabiosamente paso hasta el puerto griego de Salónica. Esta maniobra fue un golpe fulminante de triple acción.

I o.—El ejército yugoslavo quedó cortado de los ingleses y los griegos.

2o.—El frente griego de Macedonia —donde se esperaba una larga lucha en las montañas— fue súbitamente envuelto y cortado de sus bases de abastecimiento. "

3o.-—El frente anglo griego de Albania se vio peligrosamente flan­queado y tuvo que batirse en retirada. (I)

(1) La teoría del estratega Clausewitz, de que el defensor fortificado en zona montañosa lleva la desventaja, tuvo en los Balcanes una palpable demostración. "Este resultado -—escribió Clausewitz el siglo pasado— contrasta con la opinión común, pero cuántas cosas no hay que la opinión co­mún confunde". La zona montañosa es susceptible de ser envuelta y enton­ces todo dispositivo de defensa cae como fruta madura.

Fragmentado así el frente, el ejército yugoslavo fue comprimido en la trampa que se formó entre Belgrado y Skoplje. Al onceavo día de lucha capituló y cayeron prisioneros 335,000 soldados que no llegaron a reci­bir ¡a prometida ayuda de Roosevelt y de Churchill. Y es que la promesa de esa ayuda, militarmente imposible, sólo había sido un recurso para que la URSS ganara más tiempo mediante la ajena carne de cañón.

El frente griego de Macédonia luchó desesperadamente y el an-glcgriego del sur de Albania se batió en retirada para no ser copado. El histórico Paso de las Termopilas y la legendaria Atenas volvieron a ser escenarios de combates. Los británicos retrocedieron hasta re­embarcarse por donde habían llegado y el 24 de abril Grecia se que­dé sola y también capituló, después de haber perdido 233,000 pri­sioneros, la mayor parte de ellos en la batalla de cerco librada en Macédonia. Al concertarse el armisticio, Hitler ordenó que todos los prisioneros griegos fueran puestos en libertad.

La campaña de los Balcanes duró 18 días; 1,676 oficiales y soldados alemanes perecieron, y 3,752 cayeron heridos. Recapitulando lo ocu­rrido, Hitler dijo ante el Reichstag el 5 de mayo:

"A todos nos asombró la noticia del golpe de Estado, dado por ese puñado de conspiradores, el cual provocó un aconteci­miento que permitió al Primer Ministro británico decir con ale­gría que por fin tenía una buena noticia que dar... Seguramente comprenderéis que cuando oí esto, inmediatamente di la orden de atacar a Yugoslavia... Es intolerable concertar un tratado ex­clusivamente en interés de la otra parte, y descubrir que no sola­mente ha sido quebrantado de la noche a la mañana, sino que es respondido con insultos al representante del Reich alemán, con amenazas al agregado militar y al ayudante de éste, con la destrucción de los comercios alemanes, a los que se maltrata y se aterro­riza.

¡Dios sabe que quise la paz...! Las fuerzas armadas superá­ronse a sí mismas en esta campaña. La justicia histórica me obliga a decir que el enemigo, particularmente los soldados griegos, lucharon con valor y desprecio de la muerte. Capitularon única­mente cuando la resistencia se hizo imposible y por tanto inútil... Como alemán y como soldado considero indigno vituperar al ene­migo caído... Con la mirada en el Altísimo que guía los destinos de la humanidad, agradezcámosle que haya hecho posible para nosotros alcanzar tantos éxitos con tan poco derramamiento de sangre. Sólo podemos pedirle que no abandone a nuestro pueblo en el futuro... En la era del judaísmo y del capitalismo, el nacionalsocialismo brega por la justicia social y por el buen sentido".

Aunque Yugoslavia y Grecia habían sido anuladas como bases mi­litares contra el Ejército Alemán, gran parte de los propósitos del ju­daismo se habían realizado. El propio Churchill dice en sus Memorias: "Sabemos que la directiva de Hitler el día 18 de diciembre (1940) había prescrito el 7 de mayo (1941) como la fecha para la invasión de Rusia y que en su furia por la revolución de Bel­grado, la aplazó el 27 de marzo durante un mes y posteriormente hasta el 22 de junio". (I)

Por otra parte, el Ejército Alemán iba paulatinamente disgregán­dose y el ataque a la URSS ya no tendría su máxima concentración. Sin contar con las 216,000 bajas padecidas en la lucha desde Polonia hasta Yugoslavia y Creta, ese ejército tenía que vigilar más de un mi­llón de kilómetros cuadrados (1.019,297) de territorio hostil, poblado por 83 millones de habitantes. Tan sólo para esa misión de patrulla Hitler tuvo que distraer íntegramente 63 divisiones, compuestas por 945,000 hombres, según precisa el capitán Stig Waldenstrom en la revista sueca No. 11 "Ny Militar Tidkrift", de 1951. Consecuentemen­te, más de un millón de hombres se restaron a la ofensiva contra Rusia. Ese fue el provecho que el marxismo israelita obtuvo del sacrificio de los países europeos arrastrados a una guerra que no les concernía y entre los cuales figuraron Polonia en la primera etapa; Noruega, Holanda, Bélgica y Francia en la segunda, y Yugoslavia y Grecia en la tercera. En esa crisis Turquía logró conservar su neutralidad, pese a la tremenda presión diplomática y a las promesas de ayuda que estuvieron haciéndole Roosevelt, Stalin y Churchill.

(1) Es incalculable el desarrollo que hubiera tenido la invasión de Rusia en caso de iniciarse mes y medio antes de lo que ocurrió. Incuestionable­mente el invierno habría encontrado mejor situado al Ejército Alemán.

Mientras Churchill y Roosevelt sacrificaban a Yugoslavia y Grecia para demorar la ofensiva alemana antibolchevique, el Alto Mando Alemán vela con alarma cómo la URSS iba concentrando en su frontera más de 100 di­visiones de infantería, 40 motorizadas y 20 de caballería. El jefe del Estado Mayor General Alemán, Franz Halder, dijo posteriormente que sintió re­correr su cuerpo un escalofrío al enterarse de las aterradoras concentra­ciones soviéticas.